No leas esto. Sálvate…

- 16 de noviembre de 2017 - 00:00

En el primer párrafo de un libro está todo: tensión, ambiente, estética, trama... Así, las dos obras atribuidas a un mismo autor, Homero, La Ilíada y La Odisea, abren su abanico y muestran, desde sus inicios, de qué materia están hechas.

La primera inicia así: “Diosa, canta del pelida Aquiles la cólera desastrosa que asoló con infinitos males a los griegos y sumió a la mansión de Hades a tantas fuertes almas de héroes que sirvieron de pasto a los perros y a todas las aves de rapiña”. El otro, que habla de las aventuras de Ulises para volver a Ítaca, dice: “Musa, dime del hábil varón que en su largo extravío, tras haber arrasado el alcázar sagrado de Troya, conoció las ciudades y el genio de innúmeras gentes”.

En el uno cuenta la historia de las guerras, el otro la mitología. Los relatos de las batallas ganaron hace milenios y siguen instalados en los noticieros. El inicio de Don Quijote lo contiene todo: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.

No hay que olvidar a Rayuela, de Cortázar: “¿Encontraría a la Maga?”. El mejor inicio del siglo XX, según la revista francesa Lire, es para Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y la dinastía de los Buendía: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento…”. La metamorfosis, de Franz Kafka, es relevante: “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto”.

“Si vas a leer esto, no te preocupes. Al cabo de un par de páginas ya no querrás estar aquí. Así que olvídalo. Aléjate. Lárgate mientras sigas entero. Sálvate. Seguro que hay algo mejor en la televisión”, así inicia la novela Asfixia, de Palahniuk, sobre la vida satirizada de Víctor Mancini. Algo parecido escribió Ítalo Calvino en su obra Si una noche de invierno un viajero: “Estás a punto de empezar a leer la nueva novela de Ítalo Calvino... Relájate. Recógete. Aleja de ti cualquier otra idea. Deja que el mundo que te rodea se esfume en lo indistinto. La puerta es mejor cerrarla; al otro lado siempre está la televisión encendida”.

Esto es a propósito de la Feria del Libro de Quito, organizada por verdaderos quijotes en un país que no lee y anda de tumbo en tumbo sin memoria, literalmente pegados a la televisión mirando a los imitadores de turno. (O)