No está bien

- 14 de julio de 2018 - 00:00

El jueves 5 de julio se realizó en Quito una marcha del movimiento de la revolución ciudadana, único de oposición al actual gobierno. Al día siguiente el reportero de El Telégrafo señaló, en breve nota, que solo mil personas asistieron y El Tiempo de Cuenca no informó nada sobre la misma.

El sábado 7 el editorial de El Telégrafo tituló “Condenamos la agresión a los periodistas de Ecuador TV” y El Tiempo (con el mismo editorial) “Contra la agresión a periodistas”, informando que dos periodistas “fueron agredidos por una turba mientras cubrían la marcha ‘Indígnate Ecuador’ en el centro de Quito”. 

En El Tiempo, a página entera, una caricatura mostró un enorme puño, la agresión, aplastando a Ecuador TV. Pero los lectores no tuvieron ninguna otra información sobre la marcha, más que la lamentable excepción (que pudo ser incluso producida por infiltrados), acaso porque fue multitudinaria, pues con catorce cuadras pudo tener 14.000 personas (mil por cuadra).

Los organizadores calcularon la asistencia en 15.000 personas, respaldando al expresidente Rafael Correa, rechazando procedimientos judiciales en su contra y protestando contra el gobierno que, habiendo triunfado con su apoyo, ejerce una política contraria a los principios expuestos en su campaña electoral.

Conviene una buena dosis de tolerancia y sensatez para combatir odios y fanatismos. Es difícil la imparcialidad periodística, sobre todo en la política, pero es menester cultivar valores éticos sobre la base de una serena autocrítica.

La marcha, cuantitativa y cualitativa (por el contenido de carteles) debe llevar a reflexión, no solo de autoridades ejecutivas, sino también judiciales y legislativas. Las expresiones de los movimientos políticos deben respetarse, de un lado y del otro. Hay quienes se alinean junto al poder por razones de sobrevivencia o por identificarse con esa política.

Hay quienes critican a los que ejercen la autoridad. Siempre existirán los dos grupos. Unos van y otros vuelven, pero no está bien que los odios por las diferencias generen deformaciones de los hechos y la verdad. (O)