Una ¿niña? frente a un juez

- 28 de diciembre de 2018 - 00:00

Es el turno de la número 26. Fernanda ingresa a una sala. Al fondo, en un pupitre, se encuentra la jueza Randa Zagzoug. Le pregunta su edad, pero la niña permanece atónita. La jueza hace un nuevo intento: ¿Hablás español? La niña continúa en silencio, tal vez porque no sabe hablar.

Fernanda tiene 2 años. Es hondureña y fue separada de su abuela al cruzar la frontera de EE.UU. Es una de los miles de niños migrantes que se encuentran alejados de sus familias de origen a la espera de que la justicia norteamericana defina si deportarlos, reunirlos con sus familiares u otorgarles asilo.

A pesar de ser una de las mayores tragedias actuales, las cosas pueden empeorar. No hace falta ser un experto en psicología evolutiva para entender lo insólito de llevar a una niña de dos años a declarar.

Pensar la autonomía en la niñez es una tarea de sumo cuidado. Ver a una niña pequeña y pensarla como un individuo, como una unidad, es más una construcción de los adultos que una realidad efectivamente sentida por esa personita.

Saliendo de este triste extremo, en buena parte del mundo, encontramos un cambio de paradigma en materia de derechos de los niños, niñas y adolescentes. Acorde a los criterios de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, en 2005 se sancionó en Argentina la Ley Nacional de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes.

Bajo la idea de que la voz de los niños, niñas y adolescentes debe ser escuchada, la autonomía progresiva propone tener en consideración el grado de desarrollo de las capacidades intelectuales, cognitivas y afectivas del niño. En términos concretos, si bien consideramos como sujeto de derechos tanto a una niña de 2 años como un joven de 15, no se le puede dar el mismo valor a sus palabras, por el simple hecho de que la palabra y su posicionamiento frente al discurso no tiene el mismo valor para ellos.

La niñez, etapa de la vida distinta a la adultez, debe ser entendida en contraposición a esta última.

En la actualidad vemos cómo esto falla. Cuando a un niño sometido a un divorcio de sus padres se le pregunta sin mediación a quién prefiere para vivir, se lo arranca del lugar de niño y se lo mete de lleno en un tema que deberían resolver los adultos. (O)

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