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Ecuador/Vie.25/Jun/2021

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Mónica Mancero Acosta

Mi derecho a anular

28 de marzo de 2021 00:00

En el interregno entre la primera y segunda vuelta hay una posición de acoso y ante la tendencia por el voto nulo. Esto viene por ambos bandos, los viejos y nuevos seguidores de la derecha de Lasso claman al cielo que somos irresponsables y que lo que queremos es que vuelva “la banda criminal”. Mientras tanto, desde el otro bando, la acusación apela más bien a las supuestas bondades redistributivas del correísmo, en nombre de los pobres, que luego de estar ellos tanto tiempo en el poder solo han aumentado.

La cuestión es que ni unos ni otros son proyectos políticos que valgan nuestro voto, o más bien el mío, porque no puedo hablar en nombre de nadie más. No lo valen por varias razones. Primero, por lo que los une, ambos comparten valores profundamente conservadores: sus posturas son análogas en cuanto al aborto, a las identidades sexo genéricas, a la defensa de la naturaleza y el extractivismo; estas luchas no son importantes, son novelerías, y degradan una sociedad tradicionalmente estructurada. Por ello votaré nulo.

Segundo, el proyecto neoliberal de la derecha incluye un programa retardatario en derechos económicos y sociales. En una sociedad tan desigual quieren seguir manteniendo privilegios, usando al Estado para organizar el reparto de lo que poco que queda y para asegurar sus rentas bajo una concepción de la economía típica del egoísmo neoliberal. Por ello votaré nulo.

Tercero, el proyecto populista autoritario del correísmo retorna con venganza a retomar el poder en búsqueda de impunidad, de ejercerlo de forma abusiva, de perpetuarse en él. Tampoco será con mi voto.

Que el odio se vuelva a poner de moda o que ahora se ponga el mercado, no será con mi voto. Que mi voto nulo, y de todos los que decidan igual, sirva para deslegitimarlos, para no obedecerlos, para avergonzarlos. Que sirva para construir juntos -y con los arrepentidos por votarlos- una verdadera resistencia civil pacífica, que seamos capaces de construir un proyecto común para nuestros hijos donde podamos vernos como iguales en la diferencia. Hacer un pacto de largo plazo para acabar con la miseria, lo cual significa también acabar con los privilegios; porque este país y su gente humilde y trabajadora merece más que el odio y el mercado. (O)

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