Perú y su mercado de combustibles

- 31 de diciembre de 2018 - 00:00

Hace 25 años el expresidente peruano Alberto Fujimori firmó la Ley Orgánica de Hidrocarburos que determinó que los precios en ese país se rijan por la oferta y la demanda.

Desde entonces los consumidores peruanos saben que los precios del gas, de la gasolina y del diésel son más caros o más baratos, dependiendo de los altibajos del mercado internacional. Y no hay huelgas ni protestas. De hecho, han venido cayendo desde septiembre. Antes de empezar a entender lo que establece el decreto 619 en nuestro país vale la pena echar un vistazo a la experiencia peruana.

En cualquier país, son tres los componentes que influyen en los precios: los costos de producción (petróleo más gastos de refinación), los impuestos y el margen de ganancia de las distribuidoras. En Perú se transparenta el desglose de esta información.

El Gobierno publica semanalmente los precios referenciales. A estos valores, las comercializadoras suman costos de transporte y márgenes de ganancia. Aquí es donde se deja notar la mano del mercado: de un barrio a otro o de una ciudad a otra, la diferencia puede alcanzar fácilmente el 40%.

Así en Lima, el galón de gasolina de 84 octanos en la estación de servicio de la asociación gremial de pescadores en Pucusana se vendía a $ 2,37 el 28 de diciembre. El mismo producto en una estación de la avenida Vista Alegre del lujoso distrito de Miraflores se vendía en $ 3,56.

En Perú la autoridad también ofrece un servicio telefónico, un sitio web y una aplicación móvil que permiten conocer en tiempo real dónde encontrar los precios más convenientes.

Se incentivó, además, el consumo de gasolinas mezcladas con etanol, que contaminan menos y son más baratas. Y se mejoró la oferta con cinco niveles de octanaje, desde 84 hasta 98. Si los precios van a subir, al menos se debe garantizar mejor calidad.

Tras desmitificar los precios de los hidrocarburos hace un cuarto de siglo, Perú recién estudia la eliminación de sus subsidios directos. Ecuador empieza tarde en este esfuerzo que busca al mismo tiempo tecnificar los criterios y luchar contra la demagogia. No será nada fácil. (O)