Más allá del automóvil

- 10 de junio de 2018 - 00:00

En días pasados se inauguró en la ciudad de Guayaquil el Autoshow 2018. La información pública se centra en describir los modelos ofertados y en ponderar la baja de precios de los vehículos, pero omite sistemáticamente realizar una reflexión sobre el futuro de este producto.

La sociedad industrial del pasado siglo se construyó sobre el automóvil y el impulso que este dio a industrias, como la del acero, el petróleo y los materiales plásticos, entre muchos otros. Casi se hace inconcebible un mundo sin automóviles, que llenan y saturan nuestras carreteras y espacios urbanos.

Hay razones para pensar que el crecimiento ulterior y la sostenibilidad misma del parque automotriz está llegando a su límite. Basta con constatar la inmanejable saturación vial, la contaminación ambiental a la que contribuye, la ineficiencia económica de este modo de transporte y la cantidad de muertes, lesiones y daños que anualmente produce el uso de los automotores.

Si tan solo usáramos las estadísticas de siniestralidad que genera la circulación automotriz, deberíamos convenir que el uso del automóvil es un problema de salud pública de importancia mayor.

Como método de movilidad humana el automóvil se ha hecho peligroso, ineficiente y distorsionante: es tiempo de pensar en alternativas que proporcionen a la población los beneficios de flexibilidad, rapidez y libertad que ofrece el auto particular, pero que no tengan su cúmulo de inconvenientes.

Es necesario también considerar un profundo rediseño de los espacios urbanos, de la distribución de las actividades económicas, educativas y familiares y una revolución en el proceso de trabajo, de tal manera de reducir  la cantidad de trayectos que los habitantes deben realizar diariamente.

No solo el automóvil debe ir hacia su ocaso, debe también comenzar a desaparecer la separación institucionalizada de vivienda y actividad económica y por tanto, el masivo desplazamiento cotidiano de la gente desde un espacio de actividad a otro. (O)