Para María Alejandra Muñoz

- 20 de julio de 2020 - 00:00

Ya está! El Legislativo nombró a la señora María Alejandra Muñoz Seminario como vicepresidenta.

Se ha dicho mucho sobre la terna vicepresidencial; por ejemplo, que la primera y la segunda persona que la integraban, con el resultado parlamentario obtenido, prácticamente se lee como “halón de orejas”, más allá de su accionar, debido a la conducta de ambos como seres humanos. En todo caso, solo me centraré en dirigirme a la hoy vicepresidenta del país, como lo hice alguna vez cuando me dirigí al Sr. Sonnenholzner al extrapolar, adoptar y adaptar el estilo americano tenido cuando el presidente saliente deja mensaje escrito al presidente entrante.

“Estimada vicepresidenta Muñoz, reciba mi respeto como ciudadano, más que por el cargo al que ha sido nombrada, por su condición de ser humano… de “par”.

Es posible que en el despacho vicepresidencial no haya encontrado un mensaje de quien antes estuvo en ese cargo, ni menos de los anteriores. Agregue a eso que actualmente la situación sanitaria, política, económica, y social no son de las mejores. Hay una gran tempestad ¡Y sí, usted está en medio de esta! El sí que dio al cargo se puede leer como valentía.

Al ser testigo de las palabras que le han dirigido personas que le han conocido a usted en diversos roles (como jurista, como catedrática, como funcionaria pública…), así como, en prioridad, por su condición de creyente en Dios; genera al país altas expectativas; más a la luz de las palabras que usted dirigió a la feligresía de una Iglesia de Guayaquil: “… la misión se da, y también la gracia para cumplirla”.

Jesús no escoge a preparados, prepara a escogidos. Hoy el país necesita que no se le defraude, que no se deje “el barco” botado y se salga con la boya, que se le brinde esperanza, y que se embandere un “caminar juntos”, donde el “Ser Ciudadanos de Bien” sea el himno.

De nuevo: no nos defraude”. (O)

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