¿Por qué tenemos tan malos candidatos?

- 06 de septiembre de 2018 - 00:00

A veces me pregunto si son los medios de comunicación (de los cuales soy parte) los que queremos destrozar a los candidatos con el fin de hacer un proceso electoral sensacionalista. Es verdad que los comunicadores sociales nos hemos transformado en una especie de perros de presa públicos de tal manera de perseguir y vetar a cualquier candidato, por muy serio que aparezca.

Algo de esto significa que buscamos dentro de los récords e historia de estos políticos para exponer la inevitable hipocresía que la vida nos impone a todos nosotros. Y muy a menudo, esto significa estar constantemente buscando que dichos candidatos estén con la guardia baja y atacarlos con preguntas duras y engorrosas para mostrar al público que no son dignos de ser electos porque ignoran los últimos acontecimientos o no tienen una opinión sobre ellos.

Pero parece que esto no ha funcionado. Cada vez más posibles candidatos buscan a los medios de comunicación para ellos mismos exponerse al ridículo de unas torpes entrevistas y declaraciones. Y lo peor de todo es que la gente vota por ellos. Dicen que doña Hillary Clinton evitaba a los periodistas, a pesar de tener muy sesudas opiniones. Su rival, por otro lado, Donald Trump, no perdía oportunidad de enfrentarse a los reporteros y decir cualquier barbaridad. Ya saben quién ganó las elecciones.

Esto ha transformado a nuestros candidatos en una suerte de estrellas de un espectáculo que busca llamar la atención de la gente, buscan ganar rating, habilidad que normalmente no está de la mano con su calidad de liderazgo y capacidad de gestión. Y por supuesto, los medios de comunicación dedican muchos recursos para cubrir estas campañas sensacionalistas y nos consumimos buscando las tenebrosas historias que nos hagan lucir.

Por supuesto que no nos gustan estos candidatos. Ellos no son lo que queremos que sean, pues nosotros queremos cosas que, colectivamente, no son posibles. Nosotros pensamos que el Gobierno es muy grande y deben reducir el tamaño del Estado; pero nos gustan todos sus programas sociales y renegamos con los despidos de la gente y la abolición de los subsidios. ¿Cómo compaginar este enredo? Pues el resultado son pésimos candidatos electos que solamente supieron lanzar sobre promesas. (O)