Los TLC desde la tribuna (II)

13 de diciembre de 2011 - 00:00

Se dice que los países que más desarrollo han logrado son aquellos que se han incorporado al comercio internacional, ampliando el tamaño del mercado para sus empresas, así como la competitividad y el empleo. Y es que no hay TLC bueno o malo, no es más que un contrato entre Estados, así que sus bondades o perjuicios dependen de la circunstancia en que se encuentren las partes que lo suscriben y de la forma en que se negocie.

Lo cierto es que los que han logrado beneficiarse de los TLC no entraron a competir desde ceros, en condiciones de inferioridad, desindustrializándose completamente y reprimarizando sus economías. Antes de involucrarse en ello cambiaron sus matrices productivas y se industrializaron. El caso de Corea es interesante porque en 1950 era un país menos desarrollado que cualquier otro de Latinoamérica.

Sin embargo, Corea se fue contra las recomendaciones del BM que aconsejaba producir arroz y con mano dura le apostó todo a la transformación de fuerzas productivas, para lo cual invirtió en tecnología y conocimiento. Se dedicó a producir acero, con lo que la metalurgia dio paso a la producción de manufacturas de última tecnología, como televisores, computadoras, automóviles, cámaras y productos muy sofisticados que multiplicaron las posibilidades de crecimiento que daba el arroz. Contra la “lógica” de que un país agrícola y arrocero debía dedicarse a ello, Corea supo que el arroz  no daba valor agregado y que, por lo tanto, no le iba a sacar de la pobreza, mientras que la metalúrgica promovía a su vez otras nuevas industrias. Eso le dio el estatus para suscribir TLC  en condiciones de equidad cuando no en condiciones de ventaja.

La agroindustria chilena exigió todo un cambio de matriz productiva  para ser un país exportador exitoso, y es que no se puede ensillar el caballo antes de tenerlo, porque nada es gratis,  y si un país vende a otro café, oro, cacao, flores, etc., uno diría que es genial, pues el exportador puede competir, entran divisas generadoras de impuestos con los que se cubren las necesidades. A cambio hay que dejar entrar todos los productos del otro país, en las condiciones que ellos exigen, generalmente manufacturas que no le permiten competir al mercado nacional con estas, con lo cual acaba la industria nacional, a la que poco le sirve traer máquinas e insumos si no tiene infraestructura y conocimiento.

Por ello es positivo que Ecuador esté cambiando su matriz productiva para estar en condiciones de competir en los mercados internacionales. Ahí sí yo diría:  bienvenidos los TLC.