Los problemas y el progreso de Guayaquil

- 08 de octubre de 2014 - 00:00

Guayaquil, a los 194 años de su independencia, muestra importantes aspectos de  progreso, en desarrollo urbano e infraestructura. Se han modernizado muchos ámbitos municipales y públicos en general; hay parques y avenidas, fuentes luminosas y buses modernos; muchos sectores del centro y barrios residenciales se han ‘regenerado’. Hay autopistas, túneles y pasos a desnivel que facilitan la movilización. Se han construido miles de viviendas y se desarrollan proyectos inmobiliarios importantes, fundamentalmente para las clases pudientes, con todos los servicios. Hay reconocimientos por la gestión municipal.

No obstante, más allá de las circunstancias políticas coyunturales, Guayaquil tiene dramáticos y lacerantes manifestaciones de atraso, que develan inconsistencias y debilidades sociales de un modelo que no ha favorecido a las grandes mayorías.

Es evidente que buena parte de la población marginal está carente de servicios básicos; que la obra municipal llega a contados sectores populares; que se reprime con fiereza a los trabajadores autónomos y no se les presta servicios; que el modelo no les alcanza, ya que no se corresponde con las realidades socioeconómicas, que provocan corrientes migratorias internas, que la hacen crecer demográficamente en el doble de la media nacional; el transporte de masas es deficitario, al igual que los índices de saneamiento ambiental y los sitios de recreación.

En medio de esto hay tozudez política y ánimo permanente de confrontación con el Gobierno, lo que aleja las posibilidades de solución a esos problemas, al turismo, infraestructura básica, seguridad, modernización portuaria. Se reclama autonomía y a la vez se ponen dificultades, con cualquier pretexto, para asumir  competencias sectoriales, como en el caso de la administración del tránsito y en cambio se facilita, vía fundaciones, la privatización de buena parte de la gestión municipal.

En compensación, el Gobierno ha realizado una gran labor en beneficio del pueblo de Guayaquil. Construye dos grandes hospitales, de 400 camas cada uno, en barrios populares (Guasmo y Monte Sinaí); mejora otros, el parque más grande del Ecuador (Los Samanes), con una superficie 200 veces mayor que el Centenario, está en pleno desarrollo, con sus canchas deportivas, estadio, lagunas e infraestructuras diversas para el sano esparcimiento de masas  populares; también incorporó la isla Santay para el efecto; hay otros parques en construcción, vías modernas y puentes, que permiten un mejor acceso hacia la ciudad; modernos colegios, escuelas, centros de salud con equipamientos modernos; está recuperando el estero y mejora el medio ambiente; construye viviendas y mejora la infraestructura y equipamiento para ampliar la acción de seguridad ciudadana.

Los  ministerios, Prefectura y otras entidades están en la línea de apoyar el desarrollo de Guayaquil, en beneficio de toda la población, en  especial la más pobre; ello compensa los déficits del modelo que se aplica desde hace tanto tiempo, que se mantienen a pesar del apoyo al municipio, de uno y otro gobierno, que a su vez fueron apoyados por el PSC-MG.

Todo esto debe conducir al cambio de modelo y estilo municipal, en coordinación con el Gobierno, en beneficio del pueblo. Cabe destacar que, a pesar de caprichos y poses, amenazas de ‘consultas’ antojadizas, de  evidente interés político, que  se inscriben en los objetivos de la oposición, de la restauración conservadora, con el liderazgo regional del alcalde Nebot, la mayoría quiere paz y progreso; por ello el creciente apoyo popular guayaco a Rafael Correa y el proyecto político de transformación que lidera.

El pueblo de Guayaquil, el de Octubre y tantas otras gestas heroicas, seguirá adelante a pesar de la soberbia oligárquica, su poder mediático, trincas bancarias y grandes propietarios, en defensa de sus intereses y, como siempre ha sido, los del pueblo ecuatoriano y la patria toda.