Los periodistas y el moscardón

- 04 de enero de 2018 - 00:00

Aletargados por el vértigo de las redes, creemos que el periodismo ha mudado de piel. Sometidos a las centrales noticiosas, muchos periodistas parecen robots que responden a impulsos. Casi no hay tiempo para volver a los clásicos de la profesión más bella del mundo, como decía Gabriel García Márquez, quien nos enseñó, en la historia del náufrago, que es posible volver a contar un “refrito”. Nos develó reportajes de largo aliento, como el libro Noticia de un secuestro. Además, que la realidad puede superar a la ficción, como se lee en el libro Del amor y otros demonios que inició como una noticia casi perdida en esas redacciones que olían a tinta y donde había la costumbre de tomar café.

Así dice el prólogo: “El 26 de octubre de 1949 no fue un día de grandes noticias. El maestro Clemente Manuel Zabala, jefe de redacción del diario donde hacía mis primeras letras de reportero, terminó la reunión de la mañana con dos o tres sugerencias de rutina. No encomendó una tarea concreta a ningún redactor, minutos después se enteró, por teléfono, de que estaban vaciando las criptas funerarias del antiguo convento de Santa Clara, y me ordenó sin ilusiones: Date una vuelta por allá a ver qué se te ocurre”. Nada, que la prodigiosa imaginación del futuro premio Nobel halló la forma de transfigurar la historia de una monja incorrupta, Sierva María de Todos los Ángeles, y fuera más que la noticia de ese día. En estos tiempos de comunicación rápida parecería que las historias se pierden ante un WhatsApp iluminado. Por eso hay tan pocos que escriben crónicas, porque para eso se requieren lecturas.

 “Actualmente las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores”, dijo Gabo. No fue ajeno a esta época: “La prisa y la restricción del espacio ha minimizado el reportaje, que siempre tuvimos como el género estrella”.

Mañana los periodistas conmemorarán su día. Un homenaje a Eugenio de Santa Cruz y Espejo, quien desde el periódico Las primicias de la cultura de Quito impulsó las ideas libertarias mientras las autoridades coloniales lo tildaron de “rencilloso, travieso, inquieto y subversivo”. Mas, en todo tiempo hay los empecinados en volver a los orígenes del oficio. Y por eso, Gabo dejó esta máxima: “La ética debe acompañar siempre al periodismo, como el zumbido al moscardón”. (O)