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Ecuador/Dom.28/Nov/2021

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José Gonzalo Bonilla

¿Los ecuatorianos no tenemos palabra?

17 de febrero de 2021 00:00

Cuando niños cualesquiera de los juegos tanto en sus reglas como en sus resultados, estaban mediados por el cumplimiento de la palabra empeñada. El acuerdo era respetado por todos los miembros de los equipos, pues para nosotros, la palabra era lo más sagrado que pudiera existir.

El pasado viernes 12 de febrero pasará la historia como una ruptura radical de la práctica política en el Ecuador. Que dos candidatos adversarios se sienten a negociar con el objetivo de conformar un frente para evitar el triunfo de correísmo en la segunda vuelta era impensable.

Los dos candidatos ya habían llegado hasta ese punto sobrepasando las ventajas que diera el CNE al candidato del prófugo belga. ¿Cuáles? Para empezar, en lugar de tomarle preso al candidato Arauz por falsificación de la cédula, se le dio otra oportunidad; luego, se le dejó entrar al CNE acompañado de un muñeco robot para inscribir la lista, y hasta se hicieron de la vista gorda frente a un programa de gobierno que carecía de la firma del candidato Rabascall. Por esas razones, el binomio del correato no debió haber terciado en estas elecciones. Pese a todas las ventajas dadas por el CNE, el correísmo no pudo ganar en primera vuelta.

Frente al triunfo del candidato Arauz, los dos candidatos aceptan participar en una mesa de negociación con la garantía de los observadores extranjeros. El acuerdo constaba de cinco puntos, pero, todo parece indicar hasta aquí que no lo podrán cumplir.

La alegría que sentimos los ecuatorianos al ver humo blanco entre los dos candidatos duró muy poco. La esperanza de que la palabra vuelva a ser respetada se aleja cada día más. Esa es la lección que dejan los candidatos a una nueva generación de estudiantes que no conocen de historia, que ya no saben de cívica y que las mejores clases de ética son estas como la que nos están dejando ambos candidatos.

La otra lección que nos queda es que el principio de discriminación positiva, en el caso de la presidenta del CNE, no favorece los intereses de las mayorías. El hecho de ser mujer indígena en este caso, no garantiza nada.

¿Acaso los ecuatorianos no somos personas de palabra?

 

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