Los alimentos terrestres

- 12 de enero de 2019 - 00:00

Este título parafrasea la obra de André Gide, nobel de Literatura francés, escrita al finalizar el siglo XIX. En esta obra se plantea una ruptura con los convencionalismos y se da rienda suelta a los placeres del momento, sin expectativas ni nostalgias. Sin embargo, mi título no tiene que ver con esa novela, mi interés es hablar de la inmensa y rica producción de alimentos por parte de las comunidades campesinas e indígenas de nuestro país, lo que constituye un verdadero tesoro y un regalo que nos dan estas manos trabajadoras.

En este feriado viajé por tierra muchas horas atravesando la geografía interandina y consecutivamente encontré, en pleno feriado urbano, a gente campesina labrando la tierra y realizando las labores de la agricultura. Nos parece un trabajo apacible, casi bucólico, pero sabemos lo sacrificado y poco compensado que es este trabajo.

Dado el largo feriado, no hay mejor oportunidad que llegar a casa con compras de productos frescos, y detenerse en un puesto de venta de estos productos constituye una experiencia única y vital. Nuestros campesinos siembran y cosechan de todo, desde verduras y hortalizas, una diversidad increíble de frutas, tubérculos, hasta yerbas medicinales. Basta parar en uno o dos puestitos y una puede regresar a casa muy bien provista de los más diversos, deliciosos, baratos y saludables productos para la dieta de la semana.

El desafío es precisamente que desde el Estado se apoye la agricultura familiar, que continúa generando un alto índice de ocupación en el país y aporta hacia una soberanía alimentaria, aspecto clave para nuestra sostenibilidad. Además, se requiere controlar el uso de pesticidas y otros productos que podrían generar riesgos para su consumo.

Las y los campesinos de nuestro país requieren, además, de una distribución justa y democrática de la tierra. La tendencia concentradora de la tierra no fue detenida durante el período de la década anterior, en este nuevo gobierno se ofreció hacerlo, pero aún no vemos signos de que esto ocurra. (O)

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