Simón Valdivieso Vintimilla

Libertad versus ofensa

12 de marzo de 2021 00:00

Una periodista  ejerce el  derecho a  la libertad de pensamiento y expresión, y en menos que cante un gallo desde un ático en el Viejo Continente empieza la arremetida a través del improperio, por parte de quien en otrora fue el persecutor de ese derecho fundamental cuando era inquilino de Carondelet y consiguió se expida la apodada “Ley de medios”.

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. Dicen que Marco Tulio Cicerón es el autor de esta frase que desde hace rato nos ronda, pues  somos testigos del tiempo. La prensa, ese vaso comunicante entre el pensamiento del de a pie con el poder, por ejemplo, no puede ser silenciada.

Y es que hay quienes mienten por cada diente, dice la sentencia popular, en plena alusión a aquellos que han perdido la vergüenza,  pues les es tan fácil decir una mentira que vuelta a repetir cien veces parece ser una verdad. La mentira más común es aquella con la que un hombre se engaña a sí mismo. Engañar a los demás es un defecto relativamente vano, se dice.

Al otro lado, parafraseando a los granadinos del proceso de independencia americana, estamos quienes le apostamos a la pluma, a la tinta y al papel como  símbolos de la libertad de expresión.  Y es esa arma, la única que no puede doblegarse. Desde nuestra formación le apostamos a la  libertad como derecho. Martí nos enseñó, que, libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado, concluye.

Por ley natural, al hombre-mujer le fue dada la palabra para que, mediante ella, se entendiera con sus semejantes. Ay, las tonterías que se cometen a veces pueden ser remediadas; las que se dicen no tienen remedio. Amén de que la intolerancia es una mala consejera. Son las mujeres quienes crean la opinión pública, lo dijo León Tolstoi, por si acaso.  Que nos quede claro. Carla, no hay que doblegarse frente a la ofensa como tampoco es prudente dar de comer margaritas a los cerdos. Lo dijo Don Quijote.

 

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