Las disonancias del Gobierno

- 11 de abril de 2018 - 00:00

Hay una profunda disonancia entre los gritos de alarma del Gobierno, y las medidas que el Gobierno busca tomar para afrontar esta alarma. Es, al final del día, parte de la política, y la política en general, y la nacional en particular, está llena de estas disonancias. Pero esta es la disonancia que nos interesa hoy, y parece una forma de gobierno, más que una estrategia política.

El presidente Moreno presentó su Programa Económico de Estabilización Fiscal y Reactivación Productiva. No fue la receta apocalíptica augurada desde las bancadas más críticas. Tampoco fue una transformación radical al modelo desarrollista de la última década o un desafío al neoliberalismo. Y como para no contentar a nadie, tampoco fue un desmantelamiento del Estado.

Fue un proyecto centrista. Un programa moderado y gradual, orientado a enmendar los excesos y las limitaciones del modelo impulsado por el Gobierno anterior. El eje central del programa parece basarse en recortar burocracia e incrementar la recaudación tributaria produciendo incentivos para ampliar la base impositiva, antes que subir impuestos.    

No hay nada inherentemente criticable al programa. Es un programa que no desafía a nadie sin tampoco terminar de contentar a nadie. Es más una guía que un programa. Lo cual contradice toda la retórica que ha manejado el Gobierno para describir, tanto las perspectivas para el futuro, como las condiciones en las que fue entregado el Estado por el Gobierno anterior. Se ha ampliado con más animosidad eso de “no hay mesa servida”. Lo cual puede ser cierto, pero no deja de tener matices, y las desaforadas críticas que se lanzan desde el Gobierno y afines se parecen cada vez más a excusas.

Es decir, se habló de profunda recesión, cuando ahora resulta que ha crecido el PIB en 2017. No significa que no haya problemas económicos, pero hay matices. Se dijo que el “IESS estaba quebrado”, pero ahora resulta que solo es una manera coloquial de hablar. Incluso el tema de la frontera se lo enmarca como un desmantelamiento de las FF.AA. por parte de administración anterior, cuando hay muchos argumentos que apuntan hacia una remilitarización de la seguridad interna.

Las generalidades del Gobierno cuando prende las alarmas, así como las generalidades de los planes para combatir estos problemas, son una disonancia que no termina de hacer sentido. El gobierno de la reforma, que es a lo que parece apuntar, deberá ser más responsable en las culpas que asigna y más detallado en las soluciones que propone. Será difícil mantener la modalidad actual por tres años más. (O)