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Ecuador/Sáb.17/Abr/2021

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Sebastián Endara

Las derivas de la cultura

08 de abril de 2021 00:00

El movimiento de la cultura tiene que ver con un movimiento político, en este caso entendiendo lo político como algo más amplio que la intervención en la organización y administración del Estado, es decir como aquella condición que hace posible que la atención y las prioridades subjetivas se concentren en determinado dispositivo conceptual, que dota de significación a la vida propia y su aparecimiento en el conjunto social.

El secreto de la felicidad es poseer sentido, pero ese sentido se gesta en un juego de resistencias, repliegues y decisiones traspasados por acondicionamientos, presiones, y sugestiones provenientes del entorno. Es difícil determinar dónde se concentran los puntos de influencia que condicionan la conformación del sentido, cuando no existe una estructura fija que determine el rumbo de los flujos de significación repartidos de tal manera entre los individuos que se convierten en impulsores supuestamente democráticos de una sola forma de expresión. Esto que parece tan denso, se aclara con un ejemplo.

El Museo de Arte Moderno de Cuenca ha experimentado un fenómeno hace mucho no visto. Las personas haciendo largas filas para poder participar de una exposición pictórica denominada CROMATOPÍA. Lo interesante de todo esto es que ya en la sala prevista para la exposición ocurre que la gente no va a ver arte. La gente va a realizarse fotografías y selfies en espacios decorados y adecuados precisamente para ello. Este suceso es de mucho interés para mirar las derivas de una cultura que ha pasado de proponer un punto de atención grave y canónico para su observación y aprendizaje, a una propuesta basada en las potencialidades narcisistas de las redes sociales y en la (auto)producción de la subjetividad en función de los parámetros de las redes sociales (likes, número de reproducciones, comentarios, etc.).

Es difícil decir a dónde vamos con todo esto. De todas maneras, no deja de ser un fenómeno democratizante donde el gran artista desaparece del imaginario para dar paso a la emergencia de lo anónimo con ansias de actoría y existencia en el mundo social, una aspiración ciertamente legítima. Por otro lado, también se debe advertir que con esto se da paso a la disolución de una est(ética) construida sobre el bien común en la medida que aquello que es digno de admirar y apreciar se remite exclusivamente a las limitaciones, necesidades e intereses de lo individual. (O)

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