Las brujas sobrevuelan Yachay

- 26 de abril de 2014 - 00:00

La Ciudad del Conocimiento, Yachay, como se sabe, está ubicada en el cantón imbabureño de Urcuquí. Por suerte, el proyecto también ha tomado en consideración no solamente los estudios académicos que allí se impartirán sino el legado de esta tierra, como son sus bienes inmateriales.

Siguiendo criterios establecidos por la Unesco, considerando que el país es signatario del Acuerdo Intergubernamental sobre Patrimonio Cultural, la investigación de la Universidad Andina Simón Bolívar determinó en su inventario -entre otros temas, como fiestas o imágenes religiosas- a su mitología como los duendes, la Luterana, la mujer sin pies en Tumbabiro, pero también a las brujas voladoras de Urcuquí.

El duende, por lo general, se trata de un hombre pequeño con gran sombrero, quien se enamora de las mujeres de ojos grandes y cabellos abultados. Por medio de sortilegios, lleva a sus víctimas a las quebradas donde, para librarse del embrujo, los familiares deben procurarse una cruz de ajos.

En Tumbabiro, población olvidada y rica en mitologías, se encuentra también el mito de la mujer sin pies, una suerte de aparición que, junto a los mechayas (fuegos fatuos) y las brujas de Urcuquí, son parte sustancial de esa identidad. Las mentadas brujas, que actúan en un triángulo Urcuquí-Mira-Pimampiro, son una suerte de correos que llevan las noticias y, a diferencia de sus parientes nórdicas, no vuelan en escoba sino utilizando trajes blancos, extienden los brazos exclamando: “De viga en viga / de villa en villa / sin Dios ni Santa María”, con un similar conjuro como las brujas ibéricas.

La ficha patrimonial refiere: “Se conoce como las brujas voladoras, las buitras o simplemente voladoras, a las mujeres de una sola familia, de quienes se decía sabían volar. Esta leyenda se vincula con la lucha que mantuvieron los pobladores de Urcuquí con los hacendados por el control de la acequia denominada Los Caciques. El poder fundamental de las brujas es la permutación de seres humanos en animales (gallos) y frutas (plátanos), además de conocer oraciones, encantamientos y pociones para volar. Sus puntos de llegada principales eran en el triángulo de Mira-Pimampiro-Urcuquí”.

Entre las leyendas emblemáticas se encuentra la del padre Urcu, que refiere la disputa entre los lachas y los litas y, merced a la intervención de esa deidad, se establecieron en la planicie de Cahuasquí.

Estos temas son vitales, porque el cambio de la matriz productiva también implica el conocimiento de los saberes ancestrales.