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Maria Paz Jervis

La Vicepresidenta

09 de noviembre de 2020 00:00
En los últimos días el mundo entero ha puesto los ojos en los Estados Unidos de América, que sigue siendo el país más influyente del mundo y sobre todo en la región latinoamericana.  La disputa entre demócratas y republicanos sitúa a Joe Biden como nuevo presidente y a Kamala Harris como la primera vicepresidenta mujer de un país con más de 200 años de historia.

La llegada de Harris a la Casa Blanca ha despertado entusiasmo entre las personas comprometidas con la igualdad de género y con la defensa de los Derechos Humanos. Harris simboliza el fruto de la conquista de los movimientos sociales que durante décadas han luchado por eliminar las barreras que discriminan a los seres humanos, la nueva vicepresidenta es hija de inmigrantes, de origen jamaiquino e indio. Esto ocurre cuando se cumplen 100 años de reconocer el derecho de voto a las mujeres en los Estados Unidos.

Mientras tanto en el Ecuador, el voto femenino fue aprobado en 1929 y desde entonces hemos tenido tres mujeres en la vicepresidencia. En 1997 Rosalía Arteaga Serrano ocupó, por primera vez, el puesto durante seis meses; sin embargo, las fuerzas políticas de la época le negaron su derecho legítimo y constitucional a asumir la Presidencia de la República una vez que se cesó en el cargo a Abdalá Bucaram. En 2018, María Alejandra Vicuña fue posicionada como binomio del presidente Lenin Moreno, pero dejó el cargo para enfrentar denuncias por concusión. En enero de 2020 fue ratificada su condena de 1 año de prisión, tras una rebaja en su pena.

Desde julio este año la vicepresidencia la ocupa María Alejandra Muñoz Seminario, una abogada guayaquileña que llegó al cargo por la designación de la Asamblea Nacional, tras la renuncia de su antecesor, Otto Sonnenholzner. La llegada de Muñoz al cargo estuvo empañada de mucha tensión política en medio de la pandemia. De hecho, ella fue la última de la terna enviada por el Presidente tal como lo faculta la Constitución. Su trayectoria en la vida pública y privada es muy destacada. Sin embargo, su frontal adhesión a la Iglesia Católica y su convicción religiosa que es muy fuerte ha despertado múltiples cuestionamientos en una sociedad cada día más intolerante con las diferencias.

El Estado ecuatoriano es laico y ese valor no cabe siquiera ser cuestionado en pleno siglo XXI. Pero eso no implica que sea un Estado anti católico, ni anti otra región. Peor aún que sus dignatarios no puedan profesar una religión. Hasta ahora no he escuchado una sola política pública promovida por la vicepresidenta en que confunda su fe personal y su responsabilidad en el cargo público. Esta semana ha sido criticada por estar cumpliendo una gira por cuatro países europeos en busca de fondos de cooperación internacional para el desarrollo que le permitan llevar a cabo los programas que lidera en la lucha contra el cáncer infantil. Entre esos países está el Vaticano con su representación diplomática y el Papa como máxima autoridad.

Es curioso recordar que varios son los presidentes y vicepresidentes que realizaron viajes similares. Su predecesor Otto Sonnenholzner visitó Catar en una comitiva acompañado por su esposa. Y el ex presidente Correa dentro de sus múltiples viajes oficiales visitó al Papa en al menos tres ocasiones. Sus visitas, como solía hacerlo contaban con comitivas extensas. Y las de los viajes al Vaticano, al menos con ocho personas además de su madre y la del ex vicepresidente Jorge Glas, ahora preso.

Definitivamente se mide con otra vara a una vicepresidenta mujer. Y como dijo la estadounidense Kamala Harris, ella es la primera, pero no será la única. Todas las mujeres que rompen esquemas ocupando  puestos con poder, abren un camino para la consolidación de una sociedad más equitativa. (O)