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Carlos Silva Koppel

La verdad sobre la cárcel

01 de marzo de 2021 00:00

Estar en una cárcel ecuatoriana es la peor experiencia que cualquier ser humano pueda vivir. Jamás se lo desearía a nadie, ni siquiera a un enemigo, si lo tuviera.

Se dice siempre gratuitamente “que se vaya a la cárcel”, “que se pudra en la cárcel”, pero sin saber bien de qué se habla ¿saben lo que estarían deseándole al otro? Primero: la prisión no debe ser pensada como un lugar de venganza personal o social.

Entonces ¿Cómo pensamos la cárcel? ¿Como castigo y penitencia, como rehabilitación social o como una forma de mantener alejados de la sociedad a los asesinos y violadores?

Al parecer, la institucionalidad ecuatoriana se esmeró por años para convertir a los centros penitenciarios en lugares espantosos, en todo sentido. Ni la sobrevalorada “Revolución Ciudadana” pudo hacer algo bien al respecto. Solo maquilló los problemas.

¿De quiénes están llenas las cárceles? De gente mala, de psicópatas, pero también de personas producto de una sociedad egoísta pauperizada por un lado y por otro, egoístas acordes a una parte de la sociedad vanidosa.

¿Para qué sirve una prisión? Asintóticamente para extinguir la delincuencia asegurando que no vuelva a suceder. Pero les apuesto que existen muchas otras formas para lograr este objetivo, sin tener que llenar las cárceles de personas que cometen ilegalidades por no tener para comer.

Lo peor de todo es que las cárceles son producto de una lógica “racional” concebida desde la sociedad, lo que ha desembocado en lo opuesto: en la irracionalidad del hacinamiento, el descontrol, el anarquismo y la violencia sangrienta dentro de estos centros. Por supuesto que por la desidia social e institucional allí se organizarán sistemas con sus propios códigos mortíferos por fuera de la ley, los que nosotros no entenderemos.

Hoy por hoy defender las cárceles ecuatorianas sería estar del lado de la brutalidad, la humillación y el robo de la dignidad de las personas. Si hubiese alguna utilidad de la cárcel es esa.

En un futuro imposible, cuando se logre una sociedad de oportunidades y se conozca el valor de la vida, las cárceles ya no existirán. (O)

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