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Ecuador/Jue.24/Jun/2021

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Rosalía Arteaga Serrano

La triste cara de la migración

30 de marzo de 2021 00:00

La salida forzada del país en el que uno nace o en el que uno vive, al que considera suyo, por motivos que no son voluntarios sino que tienen que ver con la ocurrencia de una catástrofe natural o política, por la violencia desatada, por el hambre, por la necesidad de buscar un trabajo, tiene un rostro de tristeza enorme.

Nadie sale alegre de manera forzada de su propio país, de su hogar, abandonando sus pertenencias, dejando a su familia, a sus recuerdos y memorias, eso es evidente, y cuando ese éxodo es masivo, como en el caso de Venezuela, la tristeza se multiplica, hay dolor por los habitantes de un país hermano que se ha visto sacudido por algo mucho más fuerte que una pandemia o un terremoto, se ha sentido acosado por la conducción errada del país, por el desgobierno de un sector autodenominado del socialismo del siglo XXI, que ha sembrado dolor, muerte, desempleo, violencia, desesperanza.

Ese dolor lo sentimos y los palpamos en las calles y en los parques de las ciudades latinoamericanas, a donde han concurrido para refugiarse, para encontrar un empleo, una viabilidad en sus vidas, millones de venezolanos desesperados y desesperanzados, sintiendo que su país ya no les ofrece ninguna seguridad ni posibilidades de vida digna. Los vemos en las carreteras realizando viajes inimaginables, de miles de kilómetros a pie, cargando en hombros sus escasas pertenencias, o a sus hijos pequeños, dando la mano a la pareja para confortarse y dar un paso tras otro, buscando angustiados un trabajo, un techo, algo de comida.

Claro que a lo largo de los tiempos se han dado situaciones graves, en las que los ciudadanos de varios países, incluido el nuestro, han pasado por situaciones durísimas que los han impulsado a abandonar el país en búsqueda de trabajos y oportunidades, pero jamás, en el continente suramericano habíamos tenido algo de la dimensión de lo que vivimos ahora quienes miramos con los ojos del sentido común lo que pasa en Venezuela.

Solamente quienes no quieren ver o tratan de distorsionar las causas del éxodo venezolano, no se dan cuenta de lo que ocurre, de que es el gobierno autoritario, no democrático, el causante de la miseria, de la muerte y del exilio en el que viven millones. Lo grave de esa miopía extrema es que no se ven las señales de que en el Ecuador pueden ocurrir situaciones similares si no se medita en el voto que deberemos dar en las próximas elecciones.

Para no repetir las historias de miseria, de corrupción, de desgobiernos, hay que estudiarlas, pero también es necesario mirarnos en los espejos que nos ofrecen algunos países de nuestro continente y que conllevan la experiencia de malos manejos, de corrupción rampante que tan catastróficas consecuencias han traído a los hombres y mujeres, a los niños y a los ancianos.

Anda circulando por las redes sociales algo atribuido al gran escritor Mario Vargas Llosa, no estoy segura si es un decir suyo o no, pero me parece apropiado reproducirlo al final de esta reflexión: “A todos los socialistas les deseo: la abundancia de Venezuela, el salario de Cuba, la justicia de China y la libertad de Corea del Norte”. Bien vale la pena reflexionar sobre estas palabras y lo que entrañan de lección valedera para estos momentos. (O)

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