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Ecuador/Vie.17/Sep/2021

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Sebastián Endara

La moral del dinero

La corrupción es una anécdota plenamente justificada por los realistas, aunque sea cuestionad por los cándidos idealistas. El Estado va siendo reemplazado por el Mercado. No existe la necesidad de la formalización. La formalización es un programa obsoleto y sólido, y la sustancia del dinero es líquida. Y no hay salida que se alcance a ver.
10 de marzo de 2021 00:00

El dinero es una institución que expresa un orden teleológico cuya finalidad no está del todo clara, o se ha desvanecido en una compleja red de manifestaciones conductuales concretas, que deriva en determinados valores y principios que vertebran ese ordenamiento.

Una especie de mecanismo automático que pasa como “natural”, no solo por su complejidad y difícil penetración, que excluye a las proposiciones teóricas críticas que, para indagarla, deben tornarse necesariamente, éticas y políticas.

Entonces preguntarse ¿Cuál es el fin del dinero? Es por definición una pregunta ética y política, porque no preguntamos por su operatividad, sino por su fundamento.

Preguntamos por la forma misma de organización de la sociedad en la que desde luego existen valores y principios que siendo hegemónicos, no han alcanzado en todos los lugares el estatuto de éticos. Asistimos a un umbral de transformación histórica (quizá una deformación o un retroceso) que nos plantea la lógica del dinero desprendida de sus fundamentos acuñados en la modernidad humanista.

Una lógica que plantea una valoración explícitamente cuantitativa de la vida, y con ello, un orden jerárquico. Un ejemplo patético de esto es que la vida de cualquiera puede valer 50 dólares en aquel barrio, o 1000 dólares en aquel otro, dependerá de cuánto valga la vida promedio de sus habitantes y claro, de las propias condiciones para aceptar las nuevas jerarquías, sin que a nadie le importe un bledo.

La imposición de este orden no es tan bestial en todos lados, pero sus discursividades van haciéndose hegemónicas. Hablamos con normalidad de los “recursos humanos” o de los “recursos naturales” como cosas al servicio del dinero.

No hay progreso ni desarrollo más allá del dinero. El dinero se volvió fin y todo el resto se convirtió en medio. En la lógica del dinero no existe la política antes o después de su cálculo, no existe la idea de desarrollo ni de progreso que no le sean funcionales, que no puedan ser medidas con su vara elemental, o pensadas más allá de su idea de futuro.

Incluso, el saber cuestionador de su lógica tampoco existe, porque el pensamiento crítico solo sirve en la medida que está articulado a sus circuitos económicos y epistemológicos. La corrupción es una anécdota plenamente justificada por los realistas, aunque sea cuestionad por los cándidos idealistas. El Estado va siendo reemplazado por el Mercado. No existe la necesidad de la formalización. La formalización es un programa obsoleto y sólido, y la sustancia del dinero es líquida. Y no hay salida que se alcance a ver.

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