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Ecuador/Mar.7/Dic/2021

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Nathaly Pernett Vallejo

La guerra -perdida- contra el narcotráfico

28 de junio de 2021 00:52

Es un despropósito y una cortina de humo la supuesta “guerra contra el narcotráfico”, Ecuador por sus condiciones geográficas es un país pequeño con salidas estratégicas desde el Océano Pacífico a los destinos más cotizados de consumo de cocaína, lo cual permite ser uno de los principales puntos de almacenamiento, transporte y despacho para el comercio mundial de drogas, además nuestra moneda permite lavar activos y en consecuencia la suma de estos factores han hecho que este “negocio” esté en todas las esferas sociales y productivas con costos humanos incalculables.

El narcotráfico esta frente a nosotros inmiscuido en lo más profundo y diverso de nuestra sociedad, hoy es muy difícil tener conocimiento de si estamos contribuyendo a lavar activos con nuestras actividades cotidianas o no. Está tan impregnado que lo sabe la vecina de la tienda consciente que el dinero de uno de sus hijos no es lícito, lo sabe esa autoridad Estatal que no abre contenedores que están contaminados y que sabe además  porqué han asesinado a una docena de sus compañeros, lo sabe en ese policía que no intercepta rutas, lo sabe ese amigo que a la fiesta lleva coca y se cree admirable por hacerlo, lo sabe ese constructor al que nadie compra departamentos pero sin embargo cada día empieza una nueva obra, lo sabe esa compañía que creció de la noche a la mañana, lo sabe esa peluquería que abre sucursal en cada esquina, ese almacén gigantesco sin compradores, lo saben las miles de barcazas que nunca retornan a nuestras costas, lo saben esas nuevas casas de autoridades o ex autoridades con ínfulas de mansiones, en fin el narcotráfico lo tiene tomado todo y tan bien que ya ni siquiera nos damos cuenta.

Poner fin al mercado ilegal de drogas reduciría de manera directa la corrupción (la guerra real), reduciría la ganancia del crimen organizado y con ello su capacidad de maniobra, extorsión y delincuencia.  Y los gobiernos dejarían de gastar las enormes cantidades que hoy “destinan” a la lucha contra el narcotráfico” de la cual muchas veces son parte, y en lugar de ser cómplices pasarían a ser fiscalizadores, estableciendo las normas para realizar la actividad, recibiendo los impuestos generados por la venta legal de drogas, que son más altos que los del tabaco y el alcohol y rompiendo el círculo perverso entre la venta de drogas, los fabricantes de armas, y los  demás “negocios” asociados al narcotráfico como la prostitución y trata de personas.

Quién consume drogas lo hace sea lícito o prohibido, no vamos a abrir la puerta a generaciones perdidas, ni este es un tema de moralidad, la diferencia entre legalizar las drogas o seguirlas prohibiendo y “combatiendo”, es que hoy su consumo es sinónimo de vidas y de sangre, del agotamiento del sistema judicial y penitenciario, y del fracaso del prohibicionismo en la búsqueda de un mundo libre de drogas que solamente creó los negocios criminales más lucrativos y peligrosos del mundo llenos de violencia indiscriminada, violación de derechos humanos y todo tipo de  ilícito.

Este baño de sangre muchas veces inocente tiene una sola raíz: Las drogas son ilegales, son prohibidas pero sin embargo son apetecidas y consumidas. Sin duda este es un tema difícil de aceptar, pero tenemos que empezar a discutirlo, ponerlo sobre la mesa y visibilizarlo; quizás en la legalidad esté la única salida.

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