La famosa enmienda constitucional

- 26 de noviembre de 2014 - 00:00

La oligarquía, sus voceros y los que le hacen el juego se han rasgado las vestiduras respecto a la enmienda constitucional para la reelección, para que el pueblo en las urnas confirme o no a las autoridades que antes eligió y se presenten como candidatas.

El pueblo soberano, libremente, los premiará con su voto, si considera que han hecho una buena gestión; o los castigará, negándoselo, si han actuado en contrario. Será un ejercicio democrático. No hay cómo entenderla de otra manera.

Sin embargo, han hablado y escrito hasta la saciedad, con diversos argumentos; algunos se han inventado ‘teorías’, han dicho que vulnera la democracia, estimula el autoritarismo, es un retroceso, ‘inconstitucional’, etc. ¡Cómo han lloriqueado!

Es claro que hay un trasfondo politiquero para confundir y sumar fuerzas en búsqueda del retorno conservador-neoliberal; hay doble discurso e hipocresía, porque la gran mayoría de los opositores, ahora liderados por un banquero, jamás han apoyado las consultas democráticas, siempre se han opuesto a ellas y alentado la reelección de sus líderes, como la de J. Nebot, tres veces reelecto, sin que hayan teorizado.

Es la oposición a Rafael Correa y al proyecto que lidera, con amplio respaldo del pueblo, que una vez más lo respaldaría como candidato, por el reconocimiento a las realizaciones del Gobierno, en cumplimiento de las ofertas electorales y planes.

En el debate están, de un lado, el viejo poder oligárquico, de poderosos ‘pelucones’, transnacionales, ONG y gobiernos extranjeros, el gran capital imperial; y de otro, sectores diversos, populares y medios, que reconocen la gestión del Gobierno, buscan consolidar reformas y emprender otras.

La partidocracia y los grandes medios, con el cuento de defender su ‘democracia’, con sus leguleyadas, busca regresar a las prácticas neoliberales fondomonetaristas, de saqueo, explotación, venta de soberanía y sometimiento a la banca, alcahueteando atracos y salvatajes, a la exportación del ahorro y reservas internacionales, al endeudamiento externo agresivo que hipotecó la nación, a gobiernos entreguistas que vendieron la soberanía, entregaron el petróleo y riquezas naturales, a la evasión de impuestos; al robo en la contratación pública, a la liquidación de la salud y educación públicas para convertirlas en negocios, al deterioro y privatización de la seguridad social; depredación de la naturaleza y contaminación del ambiente; a facilitar la fuga de capitales, a las leyes amañadas, promoción de fraudes electorales y golpes de Estado, al libertinaje de la comunicación; por fin, a la marginalidad política y social, represión a mansalva y crímenes de Estado; también a la justicia, mutilada, parcializada, con reparto de jueces; al irrespeto de los derechos laborales y ciudadanos, a los salarios de miseria y violación de los derechos humanos; a la práctica de una política internacional alineada con las potencias imperiales que promueve la división y confrontación entre nuestros países, a la carrera armamentista.

En una palabra, buscan la vuelta al relajo librecambista, sin planificación, eliminación de controles, impunidad, venta del país, con un Estado degenerado y un presupuesto a su servicio. A esto no volverá el pueblo.

Por ello, la confusión y el engaño que desatan, el terror a la enmienda y a la eventual reelección de Rafael Correa; por ello, es necesaria la unidad de las fuerzas democráticas, rechazo el sectarismo, transparencia en la organización política, inclusión amplia y fecunda, acción política vinculadas a las masas y comprometida con los altos intereses de la patria. Por ello va la enmienda y la defensa del proceso de cambios en marcha.