'La emoción se fue'

- 28 de diciembre de 2016 - 00:00

El título en inglés es ‘The thrill is gone’. Al ocaso del año todo tiene ese bembé de fin de la historia y tal, amargo y dulce es contrapunteo de lo bien y mal hecho, de las emociones chimbas fingiendo el carnaval que no es, del putamadreo a la luna impávida, ¿me siguen? Muy bien, andiamo. Y las amistades pegadas a los huesos como parentesco prístino o ese caminar sin las prisas de otros días por la calle que, por conocida, es familiar a la memoria de otros encuentros sorpresivos. Las claves herméticas de los grafiteros, el socorrido corazón asesinado por la saeta, los artificios navideños que en pocas semanas empeorarán la enfermedad del planeta. Los déspotas de la ciudad en sus cosas de metal no aflojan las bocinas y quienes no sean como el sorprendente Hombre Araña serán parte de las trágicas estadísticas del tránsito ecuatoriano.

Tarde sin lluvia en Quito, las sombras de los edificios más altos apresuran la oscuridad. En el bar de música retro, con rocola sesentera incluida, un grupo ruidoso juega a diplomáticos de la ONU, pero alguien suelta la palabra ‘Alepo’ y el silencio autoriza escuchar con nitidez a James Brown; se agradece el desconocimiento. Un nostálgico aprieta el teclado alfanumérico y la canción es ‘Natalie’, de los Hermanos Arriagada.

A mi acompañante, mi hija Joana, le recuerdo que hace 25 años se desarmó la Unión Soviética. Comento que no se acabó la tumba de Lenin, al menos no por ese lado romanticón de la balada, de cualquier manera sigue en cuerpo y alma en la Plaza Roja. Y no porque derribaran sus estatuas se escamotean sus ideas. En Latinoamérica hay una línea divisoria entre ‘izquierdistas infantiles’ y, creo entender, ‘izquierdistas maduros’. O esa imprecisión llamada Socialismo del Siglo XXI y ese trasto de archivo calificado de clásico. La misma ánima en distintos cuerpos.

La emoción no se fue, el no Lenin de Los Ñaños chilenos escribió: “Hay que darse cuenta de que dicho centro dirigente no puede, en ningún caso, ser formado con arreglos a normas tácticas de luchas estereotipadas, igualadas mecánicamente e idénticas”. A partir de ese razonamiento la izquierda en cualquier estado de madurez “no exigirá la supresión de la variedad (diversidad, JME) ni la supresión de las particularidades nacionales…”. El fundador del Estado soviético lo consideraba: “¡Un sueño absurdo!”. Este jazzman depositó sus veinticinco centavos de dólar para escuchar a B.B. King, la versión de 1969 del blues que da título a esta jam-session. Asumo que es un blues bundeao, por el parentesco thrillero de ambos géneros.

La estirpe del Abuelo Zenón, guarden el secreto, que alcanza hasta los sabios de la antigua universidad de Tombuctú, cuando el irrespeto metía su cuchara idiota solía aconsejar: “El proverbio es toda y cualquier verdad”. Y de ahí a la filosofía decimera. Epílogo con Aparicio Arce: “Hasta luego no es adiós, ni hasta mañana tampoco, yo vine a mi diligencia, y no a formar alboroto”. Axê en el 2017. (O)