La democracia de Moreno

- 07 de febrero de 2018 - 00:00

Lenín Moreno ha planteado el triunfo del Sí en la consulta popular como un triunfo de la democracia. De esa forma, es bueno para un titular, para una cuña o para un eslogan. Pero la democracia es más compleja que siete preguntas en una papeleta. Si algo ha demostrado Moreno en este primer año de gobierno es su preferencia por una democracia de consensos, más que una democracia de propuestas. “Desmantelar el aparato correísta”, que fue el leitmotiv electoral, no significa la recuperación de la democracia ni un lienzo en blanco desde el cual se puede construir. Significa un cambio en las relaciones de fuerzas partidarias, y una realineación en la capacidad de influir de los diferentes sectores sobre la institucionalidad y la política pública. Difícil creer que el grueso de este poder recaerá sobre los ciudadanos.

Si bien Moreno se ha revelado como un astuto político, capaz de maniobrar y entender la opinión pública, ha preferido un discurso conciliador (con todos, menos Correa et al.) a un discurso propositivo. Hasta el momento, Moreno ha evitado entrar en confrontaciones complejas de política pública buscando más el diálogo y las concesiones, antes que plantear una línea clara de la dirección que él quiere como país, pelear por esta visión, convencer con esta visión. Al espaldarazo electoral recibido por Moreno le debe seguir un liderazgo más activo. No es suficiente derogar la Ley de Plusvalía. Es necesario proponer algo que la mejore. Es necesario proponer una alternativa. Es necesario plantearse una solución al problema que intentó solucionar. No es suficiente reestructurar el Consejo de Participación Ciudadana. Como se lo ha planteado, será un órgano político-partidario cuyos miembros serán electos como resultado de negociaciones político-partidarias. Es necesario buscar los mecanismos que acerquen más a la sociedad civil, al ciudadano, al poder. Hay que buscar las condiciones para que el ciudadano sea veedor y contralor del poder, tanto desde afuera como desde la institucionalidad. “Confíen en mí, que nunca les he mentido” no genera institucionalidad. Tampoco es democracia.

Este es el momento de Moreno. Es el momento de definirse. Es el momento de proponer y de convencer. Es el momento para un Moreno que proponga mecanismos democráticos, instituciones democráticas, y políticas democráticas. En fin, que mueva un poco esta democracia. (O)

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