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El Telégrafo
Mónica Mancero Acosta

La caja de Pandora, aún queda la esperanza

09 de octubre de 2021 - 21:31

El hermoso y a la vez terrible mito griego cuenta que el dios Zeus triunfó en la guerra sobre los titanes, para esa victoria los ayudaron Prometeo y su hermano Epimeteo. Debido a eso ellos podían vivir en el Olimpo. Los dioses les encargaron la creación de la vida sobre la Tierra. Epimeteo se encargó de los animales mientras que Prometeo de los seres humanos, quienes fueron creados con el lodo que se formó de sus propias lágrimas, pero tan similar a los dioses como fuese posible. A su vez, Epimeteo les dio a los animales dones y habilidades para su sobrevivencia, sin embargo, olvidó darles algo a los humanos. Profundamente triste Prometeo fue con urgencia a robar el fuego a los dioses para entregarles a los hombres y que de esa manera pudieran supervivir y liberarse de la esclavitud a la que los dioses les habían sometido.
Por ello los hombres reverenciaron a Prometeo, no obstante, los envidiosos dioses terminaron encadenando a Prometeo y, para mayor maldad, enviaron a un águila para que devorara el hígado del protector de los hombres, ocasionando lamentos que se escuchaban en toda la tierra. Hércules, con una flecha logró matar al águila y liberar a Prometeo.
La venganza que idearon los dioses para castigar a los hombres fue cruel, Zeus tomó un bloque de piedra y esculpió una mujer a la que llamó Pandora. Todos los dioses y diosas le otorgaron alguno de sus atributos, pero también mucha curiosidad. Luego la enviaron, llevando una caja, para que sedujera a Epimeteo, quien sucumbió a sus encantos. En esa caja los dioses habían depositado todos los males del planeta: crimen, injusticia, locura, enfermedad, ira y un solo bien, la esperanza. Curiosa como era Pandora, un día a escondidas de su marido, a pesar de la advertencia de los dioses de que no abriera la caja, lo hizo, y en ese momento escaparon todos los males para repartirse entre los seres humanos. Apresurada, dándose cuenta de lo terrible de su acción, Pandora cerró la caja, la única que no pudo escapar fue la esperanza.
En este mundo, abandonados de Prometeo y los dioses, los curiosos periodistas han destapado una nueva caja de pandora: miles y miles de documentos que evidencian el carácter egoísta de las élites económicas de todo el mundo, aquellos que quieren seguir acumulando. El pago de impuestos es una medida de redistribución de la riqueza que han inventado los Estados para una supervivencia menos inequitativa, pero recurrentemente los grupos económicos aventajados se niegan a hacerlo.
Esta investigación nos permite conocerlos de cuerpo entero: egoístas, avaros y ambiciosos. Los periodistas abrieron la caja de pandora y escapó toda esa información, aunque para nuestro país permanece la esperanza. Mejor conocerlos, que se aplique la ley y que podamos abrir nuestro horizonte a un mejor proyecto de vida, con dirigentes menos egoístas.

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