La brújula perdida de Moreno

- 21 de febrero de 2018 - 00:00

Lo que tiene Lenín Moreno a su favor es que sus principales opositores se han empeñado en descalificarlo, ad hominem, sin un ápice de autocrítica. Mientras ese conflicto se atiza, Moreno ha podido centrar su gobierno en una lucha con el pasado,  desmantelando las estructuras del pasado, los círculos de corrupción del pasado, la política del pasado.

También ha buscado reconstruir diálogos con sectores desencantados con los últimos diez años, más a base de una animosidad compartida, antes que una línea ideológico-política en común. Son relaciones que se van agotando, como lo demuestran los pronunciamientos de los sectores que se mostraron como aliados tempranos de Lenín en contra del correísmo, y que eventualmente se quebrarán.

Moreno ha reconfirmado su capacidad de jugar, y ganar, en el juego político. Lo que todavía no muestra es un claro plan de gobierno, una línea concisa hacia dónde quiere encaminar la política pública, su visión de un Estado posible. En fin, un proyecto político.

Sin nada de esto en marcha, el Gobierno se encontrará, más temprano que tarde, en un limbo de conflictos en lo político y un país en suspensión, un lujo que no nos podemos permitir. Por el momento, el plan de gobierno de Moreno viene dado más por el impulso que dejó la administración anterior, menos una parte de la corrupción organizada. Lo cual es mucho, pero no es suficiente, porque ese impulso en algún momento se acabará.

Dada la pasividad en temas de política pública con la que viene actuando el Gobierno, uno no puede dejar de preguntarse si de hecho existe una idea de política pública. Es como si Lenín perdió la brújula en el momento que el conflicto político fue a la interna (y no en otros espacios, como en el Gobierno anterior), perdiendo sus aliados políticos naturales, pero también perdiendo el discernimiento entre los vicios del Gobierno anterior, y sus virtudes.

El ataque a los vicios del gobierno de Correa, esos brochazos anchos y sin matices, también ha dejado a Moreno sin un proyecto sobre el cual apoyarse. El gran problema no solo es esa falta de proyecto, sino que tampoco se vislumbra un proyecto propio para el futuro. Entonces, a falta de un proyecto desde el órgano electo para ejecutar la política pública, lo que nos espera es un conflicto por ganar espacios políticos, mientras el Estado se desvanece en el statu quo.

Y ahí sí veremos qué tan rápido este Gobierno se vuelve uno de transición, y lo que quedará es mucha derecha. (O)