La andadura de Jaime Hurtado

- 21 de febrero de 2018 - 00:00

“Hermanito, cada quien anda lo que debe andar”. Respuesta enigmática del maestro Juan García. Este jazzman le había preguntado su opinión acerca de Jaime Hurtado González. Más adelante comprendí que importaba muy poco el camino si se sabía a dónde conducía. La andadura de Jaime Hurtado fue asumir el cimarronismo político desde la militancia de izquierda y el horizonte previsto: llevar a otro nivel la vocación de poder político de la gente ecuatoriana empobrecida.

De acuerdo a un reportaje de la revista Vistazo, unas semanas después de su asesinato, el último libro que leía era la biografía de Malcolm X. El separador indicaba el avance de la lectura. A la distancia de tiempo y espacio, a ambas personalidades las unía cualidad oratoria para exponer sus argumentos, sus creencias en el activismo político confrontativo, o sea, no mediante lineamientos de la opresión. La totalidad de la prensa los consideró extremistas porque fueron intransigentes con las injusticias sociales y fundaron organizaciones para trabajar con quienes quisieran ayudar a derrotar al racismo.

Jaime Hurtado transitó la vía propuesta desde el fondo de la historia por Alonso de Portete, los mineros de Playa de Oro en la época colonial o el cimarronismo republicano del progresismo liberal. ¿Cuál es esa vía? Vocación de poder político sobre sus vidas y comunidades, acostumbrarse a desafiar lo imposible pensando en el éxito y muy poco en la derrota y saber que no hay subjetividad política sin padecimientos corporales individuales y colectivos. Enredo foucaultiano y tal, pero sirve. Vino de muy abajo para romper la pesadilla: primer asambleísta afroecuatoriano en la historia de la República de Ecuador (1830-1979), cuando parte del electorado negro no votaba porque era analfabeto o las dificultades de traslado lo ahuyentaban.

Después fue candidato a la Presidencia de la República con un entusiasmo contagioso en las comunidades negras americanas. Axê, Jaime. (O)