La América de Childish Gambino

- 24 de mayo de 2018 - 00:00

En un galpón vacío un tipo se sienta en una silla a tocar la guitarra. Un coro vocaliza y la voz del alter ego de Donald Glover, Childish Gambino, acompaña la melodía diciendo: “Nosotros solo queremos divertirnos, divertirnos para ti...”. Glover, descamisado, baila, se contorsiona entre muecas, saca una pistola y dispara en la cabeza al tipo de la guitarra.

El estruendo del disparo da paso a un trap pesado, un chico toma con cuidado la pistola de las manos de Glover y Glover clama: “This is America”... (Esto es América). El resto es caos. Bueno, todo lo que sucede en el fondo es caos. La cámara sigue a Glover, quien avanza bailando (y cantando) y es acompañado en su baile por un grupo de jóvenes. Todo es una perfecta coreografía entre un mundo de violencia; de continua, caótica y profunda violencia. Pero una violencia de fondo al fin.

“This is America” de Donald Glover (alias Childish Gambino) es una obra maestra sobre violencia, armas, racismo y la cultura del espectáculo (y si usted no ha sido una de las 170 millones de reproducciones en YouTube, este es un buen día para hacerlo). Ha sido criticada, comentada, interpretada, revisada, anotada y abordada por todo el espectro cultural, académico y político en Estados Unidos, y cualquier comentario adicional sería redundar en lo que ya se ha dicho antes. Pero hay algo todavía por decirse sobre su capacidad de capturar el contexto más amplio sobre la manera en que procesamos las realidades y la información.

El príncipe Harry y Meghan Markle se casaron el sábado y así, de un plumazo real, nada fue más importante. Y es que la boda lo tiene todo, todas las historias, todas las aspiraciones, todas las fantasías de Disney están ahí. Un día antes de la boda, hubo un tiroteo en un colegio de Texas. The New York Times tituló la nota: “En tiroteo de la escuela de Texas, 10 muertos, 10 heridos, pocos sorprendidos”.

Esa es la América de Glover. La creación de fantasías, el espectáculo de lo íntimo (como una boda), el fetiche de todo aquello que brille, para enviar la realidad al segundo plano. No está claro si es un mecanismo de defensa para sobrellevar el caos o si es la banalización de las realidades que nos perturban, que nos sacan del estupor de los montajes detrás de una pantalla. A lo mejor el genio de Glover radica en haber capturado algo más universal. Algo que trasciende su América. (O)