La joya de la corona

- 23 de febrero de 2020 - 00:00

Prácticamente todos los procesos de integración entre Estados se enfocan en allanar el camino para consolidar mercados ampliados que articulen otras concreciones, como aquellas atinentes a los campos económico y social. Un mercado integrado crea oportunidades para que bienes, servicios, capitales y personas circulen contribuyendo a la producción y el empleo.

Ahora mismo, las lógicas y estrategias en el comercio mundial superan la capacidad de reacción de cualquier país o región, por lo que, con ocasión de los 50 años de la Comunidad Andina, se hace necesario pensar estrategias que nos proyecten hacia el futuro, siempre en la perspectiva de generar las mejores condiciones de vida para los pueblos de los países miembros.

En un proyecto de integración como el andino -el más avanzado e integral de Sudamérica-, el mercado subregional que resulta de la adición de los mercados de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, se constituye en fuente inagotable de posibilidades para el crecimiento, es la “joya de la corona” de un sueño ambicioso pero posible, que estamos obligados a cuidar y fortalecer, para lo cual es imprescindible potenciar las instituciones y, sobre todo, los mecanismos de resolución de conflictos.

Ante amenazas surgidas en dinámicas actuales del comercio mundial, mantener una opción propia de la subregión es imperativo, porque responde a nuestra realidad e intereses.

Debemos llegar a mayores acuerdos para concretar cuanto antes la unión aduanera como antesala para el mercado común, y pasar de la libre movilidad al libre establecimiento. Además, no hay que orillar la posibilidad de que Venezuela, luego de retomar la senda democrática, retorne a la Comunidad Andina.

Lo cierto es que, para cuidar más eficientemente los intereses de 110 millones de habitantes, urge profundizar el proceso integrador, pensar más en conjunto. Un mercado ampliado y consolidado puede generar múltiples beneficios a productores, trabajadores y consumidores. (O

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