El Joker Rafael

- 24 de octubre de 2019 - 00:00

En ocasiones la ficción se da la mano con la realidad, entrecruzándose. Esta amalgama de escenarios se produce cuando al llegar a nosotros la ficción coincide su narración con los hechos que estructuran nuestra realidad.

En tal sentido, mientras en la tarde y noche del 12 de octubre, innumerables Arthur Fleck hacían de Quito el lugar donde sus irracionalidades y aventuras delictivas afloraban; a ese mismo momento el Joker desataba el caos y muerte en su ficción. Nuestra capital se tomaba de la mano con la pantalla grande, en su destrucción.

Demencial coincidencia que tras los gritos de victoria de líderes indígenas y de la corrida de varios correístas a la embajada de México, nos deja, del lado de nuestra realidad, una gran factura por pagar.

La que se suma a los 10 años de saqueos de quienes pretendieron destruir el país para recuperar el poder político y mandar abajo todos los juicios que se les sigue. O por lo menos dilatarlos buscando ganar tiempo hasta una postulación electoral que les blinden de los delitos cometidos.

No satisfechos por la década robada nos hicieron a todos transitar al filo del precipicio. Con una clase política dando golpes en falso. Donde políticos como Jaime Nebot, con gran experiencia en estos avatares, abrían su fosa presidencial por declaraciones que hoy lo tienen golpeándose de cabeza contra la pared. Empujando al precipicio de la iracundia y descontrol a la comunidad indígena. Actitudes reflejadas en un Jaime Vargas agrediendo a policías y a la condición de movilidad del Primer Mandatario.

Todo a partir de la expedición del decreto 883 que liberaba el precio de los combustibles. Eje de la desolación que padecimos y que le sirvió al más grande Arthur Fleck de nuestra realidad para establecer su estrategia sediciosa, exigiendo incansable muerte cruzada.

Pero también lo sucedido nos sirvió para descubrirnos como una sociedad consciente y de espalda a los desestabilizadores, quedando para la memoria colectiva los días donde dos personajes, un ficticio y otro real, trastocados desde su niñez por la relación/ausencia paternal, trajeron al país en escenarios distintos, un caos similar. (O)

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