Por qué es importante criticar a Jefferson Pérez

- 01 de agosto de 2018 - 00:00

Jefferson Pérez la embarró el jueves pasado en una entrevista como parte del tour promocionando su candidatura para el 2019. Intentó hacer y fracasó una analogía entre “una mujer hermosa ecuatoriana” y Cuenca. Tan pronto como llegaron las críticas, llegaron también los defensores. No solo quienes no veían sexismo en las palabras de Pérez, o quienes (como Fidel Egas) veían galantería, sino quienes disculpaban a un “hombre sano” como Jefferson Pérez por ser, pues, Jefferson Pérez (y no cualquier otro personaje de nuestro pasado político reciente). Pero es precisamente a los Jefferson Pérez a quienes más debemos criticar.

Fueron diez dolorosos segundos de una entrevista donde Janet Hinostroza permitió que el marchista convertido en empresario convertido en político se luzca. Se lo acusó de objetivar a las mujeres por utilizar una metáfora por demás desatinada donde buscaba preparar, vestir, maquillar y peinarlas (como alusión a lo que se debería hacer con Cuenca). Que cualquiera crea que sea válida una comparación donde alguien vista, maquille y peine “adecuadamente” a una mujer para mejorarla está mal. Que lo haga Jefferson Pérez es peor.

Jefferson Pérez es el prototipo del candidato a ganar una elección. Es un tipo sin pasado delictivo, empresario exitoso, con tremenda historia deportiva, un orgullo nacional. Es también un político neófito lleno de lugares comunes, sin un plan concreto más allá que “mejorar la calidad de vida de los ciudadanos”. Y de ser electo para un cargo público, será un dignatario con los mismos rezagos lingüísticos (no me consta que sean ideológicos) de los políticos que nos han mantenido en el oscurantismo social.

No tengo nada en contra de una posible candidatura de Pérez a una alcaldía o, incluso, a la presidencia. En parte, porque no hay información sobre las medidas concretas o ideas bases que tiene para gobernar (por lo menos no las ha mencionado en sus entrevistas). En parte porque sí habla sobre retomar un enfoque del ciudadano activo para la creación de política y hace un llamado a la democracia participativa.

Pero así como nos indignamos de lo que ha sido la política y nuestros políticos, desde siempre, también debemos poner la vara alta para quienes vienen a suplantarlos. No con un afán de destruir carreras, sino con la esperanza de que quienes vengan en el futuro sean un poco mejores que quienes dejamos atrás. (O)

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