Jam-session de compinches y víctimas

- 22 de noviembre de 2017 - 00:00

No se quejan jamás, pero leen los programas electorales de los candidatos, mujeres u hombres, al final por quienes votan son los perdedores del torneo. Las veces que aciertan es solo porque hay un solo candidato, aunque el repique de resabio se les cure con las próximas elecciones.

Un chininín de ciudadanía, casi en extinción de lo poquitico que es. Esos electores no se encogen ni se estiran con lamentaciones inservibles, alguno de ellos escribió el grafiti: “Quienes eligen pillos son cómplices y no víctimas”.

Da para ruidosa aprobación. Esos electores se informan por radio, puntuales en los noticiarios de la noche por televisión y aún se toman en serio los artículos de opinión. Esta jam-session les agradece en nombre de la tribu plumífera.

Esos electores de todas las edades, géneros, clase social, pueblo o nacionalidad creen que la política es algo serio para dejársela al mal humor de la clase ídem. El mal humor de la política es como el calentamiento global: afecta hasta a quienes lo niegan o reniegan de él. Las esquinas y más las redes sociales están abarrotadas de malhumorados con la clase política en funciones legislativas o ejecutivas, por ahora los buenos reposan la derrota virtuosa de aquel domingo.

La queja, a veces con nombre propio, es universal como el sol y presume intenciones homicidas que parece una muchedumbre de asesinos en serie. Luego se le pasa y si encuentra al político en funciones no le niega el saludo, por respeto y porque disimular juego limpio es la vía engañosa de la honestidad. De todos, electores y electos.

Ese grupito, de alto peso específico político y poca masa electoral, cree en serio en la participación de la ciudadanía en la gestión del Estado; es minoría cimarrona contra los autoritarismos y los malos servicios; también malogra tiempo familiar buscando estrategias para que el político funcionario se convierta en servidor del público. A ese poquito de gente, nuestros respetos. (O)