Inversión extranjera

02 de junio de 2011 - 00:00

Revisando el Código de la Producción, Comercio e Inversiones, promulgado por el actual gobierno a finales del año pasado, encontré algunas disposiciones que alientan y conceden incentivos tributarios a las nuevas inversiones que lleguen a establecerse en nuestro país, entre las que destacan, entre otras, la exoneración del impuesto a la salida de divisas para las operaciones de financiamiento externo, las facilidades de pago de los tributos al comercio exterior y la exoneración total del impuesto a la renta por cinco años a las inversiones nuevas que se desarrollen en los siguientes sectores: 1) Los que contribuyan al cambio a la matriz energética; 2) Los que contribuyan a la sustitución estratégica de importaciones y al fomento de las exportaciones; y 3) Los que favorezcan el desarrollo rural de todo el país, y las zonas urbanas fuera de las jurisdicciones de los cantones de Quito y Guayaquil, dentro de las siguientes áreas económicas consideradas prioritarias para el Ecuador, a saber: producción de alimentos frescos, congelados e industrializados, cadena forestal y agroforestal y sus productos elaborados, metalmecánica, petroquímica, farmacéutica, turismo, energías renovables, incluida la bioenergía; servicios logísticos de comercio exterior, biotecnología y software aplicados.

A propósito, recordaba aquellos años durante los que trabajé fuera de Ecuador, concretamente en un país caribeño que tenía como una de sus principales fuentes de ingreso de divisas la inversión extranjera. En esa pequeña nación funcionaban cinco teleoperadoras que brindaban los servicios de Internet, telefonía móvil y convencional. Como es de suponer, la competencia entre ellas dinamizaba el sector de las telecomunicaciones, otorgando a los consumidores precios al alcance de todos. Otro ejemplo lo constituían varias cadenas multinacionales de hipermercados instaladas en ese país, que ofrecían a sus clientes una gran variedad de productos para todos los bolsillos. Además, esas empresas generaban múltiples fuentes de empleo. Muchos son los beneficios de la dinámica económica y comercial que impulsa la llegada de inversión extranjera. En consecuencia, pienso que ha llegado el momento de abrir nuestras fronteras a las nuevas inversiones, basta con voltear la mirada a nuestros vecinos, Colombia con casi veinte mil millones de dólares y Perú con aproximadamente quince mil millones de dólares americanos de llegada de divisas, procedentes de la inversión extranjera en el año 2010, recursos que han permitido a ambas naciones reducir considerablemente la pobreza.

Otro caso notable es el de China, que, siendo un país con un régimen comunista, es el primer destino de inversión extranjera en el mundo actual. Entonces, es la hora de exigir a los funcionarios del Servicio Exterior mejores resultados en la captación de nuevas inversiones foráneas, con el fin de dinamizar nuestra economía para el bienestar de nuestro pueblo.