Inty, Rodrigo y Otto

- 10 de diciembre de 2018 - 00:00

Más de una vez he escuchado decir que para “ser alguien” en Ecuador hay que conocer gente y ser reconocido. Pero lo lindo de otras sociedades es que se puede ser, al mismo tiempo, exitoso y anónimo.

El ibarreño Inty Grønneberg acaba de ser considerado como “Inventor del Año en América Latina” por la revista del Instituto Tecnológico de Massachusetts, posiblemente la escuela politécnica más prestigiosa del mundo. Luego de estudiar mecánica en Ecuador se mudó a Inglaterra para su maestría y allí desarrolló un sistema para limpiar el agua contaminada por residuos plásticos. Sus turbinas son capaces de recoger diariamente hasta 80 toneladas de desechos de los ríos antes de que lleguen a los océanos.

Los ecuatorianos también descubrieron en estos días al chef Rodrigo Pacheco, semifinalista del exitoso programa gastronómico de la plataforma Netflix “The Final Table”. Pacheco, miembro de la Academia Culinaria de Francia y graduado del Instituto Paul Bocuse en Lyon, dejó en el camino a otros chefs de renombre mundial y distinguidos con varias estrellas Michelin. De vuelta al país, Pacheco está al frente de su restaurante Boca Valdivia en Puerto Cayo, donde solo sirve lo que se pesca y se cosecha el mismo día. Al igual que Grønneberg, tuvo que triunfar primero afuera.

El inventor tiene 34 años. El chef tiene 36. Y Otto Ramón Sonnenholzner tiene 35. Ecuador está a punto de tener su tercer vicepresidente en dos años y en los rincones de la política se dice que el radiodifusor guayaquileño tiene altas posibilidades de ocupar la segunda magistratura del país.

Al igual que sus colegas de esta columna, Sonnenholzner era un personaje relativamente desconocido en la escena nacional aunque gozaba de gran prestigio en su círculo de acción. Grønneberg es altamente respetado en la Escuela Dyson de Diseño e Ingeniería en Londres; Pacheco ha hecho su nombre en las cocinas de restaurantes franceses.

De pronto, saber de la existencia de estos tres millennials alienta a un país que a veces cree que no hay relevo. Los prejuicios sobre el futuro y el éxito abundan. Uno de ellos es que para tener oportunidades y poder triunfar hay que salir del país. Pacheco y Sonnenholzner son una prueba de que eso no siempre es verdad.

En esta época de ternas, esta es una que inspira. El uno es un técnico inventando soluciones. El otro es un creativo amante de la sostenibilidad. Y el tercero es un radiodifusor con una visión amplia de los negocios en el mundo. Es lo que necesitamos para salir adelante: la recursividad del inventor, el optimismo del chef y la visión del emprendedor. (O)