Internacionalismo cimarrón

- 05 de noviembre de 2014 - 00:00

Desde la poltrona escuchando deliciosas mentiras nunca se entenderá que alguien se haya montado en un barco o en un avión para defender, AK en la mano, vida y libertad de personas de las cuales apenas acaba de enterarse de su existencia. El inventario de calumnias agobia y molesta la insolencia de condenar la solidaridad. Aun si se comprueba que es desinteresada; no se cree, porque hay una pedagogía de siglos a no favorecer a quien demande necesidad de ayuda sin calcular la plusvalía del favor.

Los comunistas le dieron el nombre de ‘internacionalismo proletario’, en nombre de ellos estuvieron en la defensa de la República española, barriendo minas en el puerto de Haiphong (Vietnam) o se fueron a ayudar a tumbar dictaduras en Centroamérica. Muchos no volvieron y si acaso quedan por ahí unos versos de alguna canción que ya no se canta.

Para millones de africanos, esa solidaridad militante es el Ubuntu, o sea una filosofía de vida en donde el cosmos de humanidad se concentra en el individuo mínimo y aquel a su vez es un ser colectivo porque está conectado con toda la gente. O para explicarlo mejor con el proverbio xhosa (una nación de Sudáfrica): “Ubuntu ungamuntu ngabanye abantu”. Esta es una traducción libre: “Cada humanidad individual es expresa idealmente con relación a los demás”. El Ubuntu es hermano de placenta del Sumak Kawsay o al menos se hermanaron por primera vez en Portete, Ecuador, hace 461 años.

Ahora que los cubanos, mujeres y hombres, llegan al lugar que nadie quiere ir obliga al titular de diario El País, en su versión digital, del 31 de octubre de 2014: “EE.UU. declara su orgullo por trabajar junto a Cuba contra el ébola”. Es otra ‘operación Carlota’, diferente a aquella que envió miles de soldados cubanos a corretear al ejército racista de Sudáfrica fuera del territorio de Angola, esta es para atajar un peligroso bichito.

El nombre de la codificación fue un homenaje a una cimarrona que se alzó contra el trabajo esclavizado en los ingenios azucareros de la provincia de Matanzas, el 5 de noviembre de 1843. Los que están en Sierra Leona y en otros países africanos renuevan el compromiso cimarrón cantado por Bob Marley: “Fighting on arrival, fighting for survival”. O sea luchar al arribar, luchar por sobrevivir.

En las Américas, los cimarrones hicieron de la resistencia, en cada oportunidad que les fue posible, un episodio de resistencia por la vida. Comenzaron por emancipar la inteligencia para voltear la realidad inmediata. Recreando instrumentos musicales e inventando músicas, reinventando la gastronomía que amansaba demonios por la satisfacción del estómago, devolviendo casa adentro una espiritualidad que les preservara el ánima de venganzas definitivas y de ahí a una política de solidaridad para que ninguna alma fuera dañada por la intemperie del desprecio social. Al internacionalismo proletario de décadas pasadas le devuelve vitalidad renovadora el internacionalismo cimarrón.