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El Telégrafo
Xavier Guerrero Pérez

Intereses

19 de septiembre de 2022 - 06:47

¡Somos humanos! Al menos en teoría, ya que hay quienes, por diversas razones que no vienen al caso abordar, actúan como seres irracionales, o, como se dice en un conocido film (parafraseando): ‘nosotros tenemos códigos, sino fuéramos animales’. En fin, al tener tal condición estamos en función de ciertas motivaciones o intereses, los cuales son legítimos, pero no siempre socialmente aceptables, sino más bien atraen a más de una persona a que brinde su crítica, su desaprobación y hasta su rechazo.

Pienso, por ejemplo, en la contradicción entre la falta de oportunidades para fortalecer el intelecto y las opciones que se presentan pero son ignoradas. Más en específico, al menos en tres ocasiones he sido testigo de la reiterada y constante queja de profesionales en el periodismo respecto a la ausencia de espacios de capacitación, por parte del Estado, y también la observación que, en ocasiones, realizan (off the record) frente a eventos de formación impulsados por entidades privadas (incluyendo a varias Universidades) dado que el costo de esos eventos es sumamente alto, especialmente cuando el vivir, hoy en día, resulta elevado, y el propio Estado, empezando en el régimen gubernamental, o transita lentamente, o adopta medidas equivocadas, en ese sentido. Ahora bien, del otro lado de la moneda están aquellas organizaciones no gubernamentales que tratan de llenar ese vacío y con un notorio esfuerzo logran planificar y llevar a cabo actividades de capacitación y formación. El problema está en que a esos espacios, poco o nada se les brinda atención ergo la asistencia no llega al 40 por ciento de quienes se atrevieron a inscribirse. Consecuentemente, la incongruencia es notoria: mientras que se clama por la formación permanente para un mejor desempeño en la sociedad, se tiene, ante la oportunidad que se presenta, y siendo absolutamente gratuita, la prioridad se da a otros temas (conciertos en vivo, que la visita al museo de tal equipo de fútbol, que la cónyuge del ex chico reality le fue infiel con su mejor amigo, que el bailarín profesional ahora se ha candidatizado…), y lo que coopera en la salida al subdesarrollo simplemente o se posterga o se “patea como lata en la calle”.

¿Hay intereses? Sí. ¿Son legítimos? Sin duda alguna. ¿Son socialmente deseables? De ninguna manera. Motivan a seguir abrazando a la tibieza y a la mediocridad. De esa manera, ninguna nación abandona el subdesarrollo, antes bien, al puro estilo del payaso que está en el sillón en varios locales de McDonald’s: “invita a abrazar a todos”.

En lo político partidista también tenemos estas actitudes, lamentablemente. Cabe precisar, y la misma aplica a las circunstancias descritas en el párrafo anterior: lo censurable está en el comportamiento; jamás en las personas. Lo contrario tiende a fomentar las diferencias, a que las antipatías pasen a ser nuestro identificador y a contribuir al clima de violencia, la que ya en nuestra bella nación llamada Ecuador tenemos bastante, a ratos parece incontrolable… si los índices de violencia de Ecuador fueran los que caracterizan a nuestra salud macro y micro económica, seríamos parte de los países del primer mundo. ¿A qué me estoy refiriendo? Resulta ser que la Consulta Popular impulsada por el gobierno del presidente Guillermo Lasso; a mi juicio estimo que está sumamente enfocada en lo coyuntural y muy alejada de lo estructural. Ofreciendo poder abordar la temática de la Consulta Popular en lo posterior, únicamente quiero traer al debate la interrogante relacionada al CPCCS y la atribución de designar autoridades. El régimen gubernamental pretende someter a votación que “las reglas del juego cambien”, esto es, que ya no sea el CPCCS (dicho sea de paso, quienes han estado ahí, especialmente posterior a que la administración del señor Cruz concluyó, han dejado mucho que desear, en cuanto a falta de conocimiento, poca experiencia… y flameando la bandera de la decepción) quien lleve a cabo los procesos de designación de autoridades, sino que sea un trabajo cruzado entre la Asamblea Nacional (Función Legislativa) y el Gobierno de turno (Función Ejecutiva): el segundo designa y posesiona, el primero remite terna. Soy enfático: de aprobarse tal, adiós a la participación ciudadana. Sí. Así de radical.

No soy un neófito en la academia. Tampoco soy un ‘recién aparecido’. Ocupé un alto cargo en la patria, años atrás. He ejercido y ejerzo la cátedra universitaria. Estoy, con la bendición de Dios, y como dice el Doctor Marcos Hidalgo (comentarista deportivo) a ‘punto caramelo’ de doctorarme en la prestigiosa Universidad de Sevilla, y, en el tema anteriormente referido poseo una publicación sobre la máxima constitucional ‘participación ciudadana’, con el sello de la reconocida editorial en el ámbito de las ciencias jurídicas (CEP Ecuador). Creo que “algo de” autoridad poseo en la materia. Entonces, el constituyente de Montecristi lo que hizo fue terminar con la componenda y devolver a la ciudadanía su legítimo poder, apoderado por las revanchas y precisamente intereses políticos, históricamente presentes en la retina social ecuatoriana. Dejando la ingenuidad: ¿Las personas que han conformado el Pleno del CPCCS nos han decepcionado, salvo raras excepciones? Con toda seguridad. Pero, aquello no significa, en ningún sentido, que la arquitectura vigente no sirva o no haya funcionado, misma que surgió como una solución a la retógrada y egoísta arquitectura basada en ‘rencillas y compadrazgos’. En buen romance: se está proponiendo una vez más retornar a aquello que ya estuvo vigente y que fracasó. Se podrá decir: “Espere un momento, ahora se contempla que existan mecanismos de incidencia como veedurías, y de etapas basadas en el principio objetivo del mérito”. Sí. Todo lo que usted quiera. Pero, ya la ciudadanía no se podrá postular, porque se plantea su exclusión. Como diría el Doctor Brown en el film Volver al Futuro II: (parafraseando) ‘Permítanme ilustrarlo’. Para el caso de la Contraloría General del Estado, si alguna persona considera que está en posesión de credenciales profesionales, académicas y morales que el titular de la invocada institución requiere, puede postular y participar. “Mañana”, si la interrogante a la cual he hecho alusión supera el control constitucional (que, a la luz del estricto derecho y de los precedentes de la propia Corte Constitucional, lo dudo), y si el pueblo ecuatoriano decide dar el sí, entonces para el caso de la Contraloría General del Estado, cualquier persona, por más que posea background intelectual y su conducta haya sido recta, no podrá postular y participar. ¿Quién podrá? Bueno, quien mantenga simpatía con el régimen de turno, produciendo que su nombre esté inmortalizado en una terna.

Lamento si repito lo que ya he aseverado, pero es necesario: ¿Hay intereses? Sí. ¿Son legítimos? Sin duda alguna. ¿Son socialmente deseables? De ninguna manera. Son abiertamente políticos, definitivamente. Debo precisar, en este tema he escuchado a un comunicador indicar que la intención de esa interrogante es que la autoridad que esté al frente de una determinada institución sea funcional a quien lo propuso, y con ello la entidad pierda autonomía. Creo que no podemos ser tan irresponsables y poco serios. Esa tesis es equivocada. La discusión no va por ahí. ¡Es absurdo! Sino, entonces ¿podemos decir que una superintendencia (cualquiera que esta sea) ha perdido autonomía porque su autoridad devino de una terna? ¡Un yerro! ¡Un sinsentido! De nuevo: la discusión no va por ahí. Sí por un bien mayor que está en juego: la ciudadanía y su participación para ser elegida como autoridad. Hoy puede hacerlo. ¿Mañana? Solo Dios lo sabe.

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