No me da la inteligencia, no me da

- 16 de septiembre de 2019 - 00:00

Los desastres ecológicos actuales ya nos deben decir algo. Si no han hablado lo suficiente, entonces que hable el incendio que el insoportable sol nos atina a nuestra humanidad.

El mundo se acaba desde hace tiempo y ahí seguimos, compartiendo memes.

Somos del tercer mundo, mal llamado “país en vía de desarrollo”, y no podemos esperar mucho de nosotros mismos, desde nuestra capacidad crítica y autocrítica, hasta nuestra falta de voluntad para el decrecimiento y resistencia al consumo. Nos conformamos con que las cafeterías cambien sus sorbetes de plástico, por palitos de madera (de algún árbol), mientras sus demás insumos siguen siendo de plástico.

No debemos ofendernos si nos autodenominamos como salvajes incivilizados. No debería ser en absoluto una ofensa. Mejor es asumirlo con orgullo porque orinar en la calle, dejar las heces de nuestras mascotas en las veredas, botar basura donde nos venga la gana, escupir donde nos valga madres, amarrar las bolsas de basura en cuyo interior hay una heterogeneidad de desperdicios que vaya a saber usted, cómo y cuándo se resolverán; ir a la playa y dejarlas más puercas que nuestras mentes o que nuestro mayor anhelo sea tener automóvil, etc., nos da suficiente para llamarnos así.

Es verdad que la responsabilidad es de las grandes corporaciones, mientras a ti, joven adulto izquierdoso de clase media de Facebook, te hacen creer que tienes que comer menos carne, evitar reproducirte y dejar de utilizar bolsas plásticas. Pero también es cierto que está en nosotros, neoprimitivos, ser un poco más limpios y conscientes.

Ya se ha dicho que, si las cabezas o los gobernantes son tontos o inteligentes, habrá entonces licencia para que los súbditos actuemos tonta o inteligentemente. Dicho así, si a la institución que gobierna no le preocupa el medio ambiente, no nos preocupará a los ciudadanos en absoluto.
En vista del desastre natural global-local, en serio ¿Cómo se nos hace tan difícil pensar en cambiar algo de nuestras medievales prácticas? (O)