Intelectuales orgánicos buscan empleo

- 14 de mayo de 2018 - 00:00

La patética figura de Jaime Galarza en algún evento de apoyo al correísmo nos recuerda a la escritora Rosa Montero cuando habla de los llamados “intelectuales orgánicos”.  “Cuando nos arrugamos, cuando nos vendemos, somos doblemente notorios en nuestras marranadas… Todos los poderes  necesitan heraldos y voceros; todos precisan intelectuales que inventen para ellos una legitimidad histórica y una coartada moral”.

El otrora poeta y escritor de vanguardia forma parte de ese grupo de intelectuales que involucionó hacia esa versión light de la izquierda, que en el caso del Ecuador se ubicó en esa cosa llamada Socialismo del siglo XXI, que logró cooptarlos a través de reconocerlos como los pontífices del arte o de la estética, y como tales hacerse merecedores de las delicias del poder. Llegaron a ser  ministros, viceministros, embajadores, presidentes. Fue una etapa de enjundia, luces, viajes. 

Su tarea fue, como dice Iván Carvajal, desarrollar  una base  para  crear  “… una increíble capacidad de  “inversión” de valores. Lo que en el pasado era heroísmo, en el correísmo se llamaba terrorismo; lo que antes se llamaba levantamiento popular, en el correísmo era anarquismo letal.  A los luchadores populares fácilmente se les calificaba de emepedistas”. 

Los peores, aunque pocos, son los que se quedaron a las órdenes del excomandante Patiño y se encuentran en la imposible tarea de darle forma política e ideológica a su Frankenstein llamado MANA, que busca legalizarse en los tribunales electorales.

Pero el vocabulario lleno de exaltaciones al líder que turistea por medio mundo no se acomoda a la realidad actual. Las atroces piezas comunicacionales creadas para  burlarse de la discapacidad del gobernante o el minimizar la muerte de los periodistas resultaron como una pedrada que los descoyuntó.

Ahora se atreven a deslegitimar el trabajo sanitario que efectúa el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, transitorio. (O)