Hablando sobre innovación (1)

- 14 de enero de 2019 - 00:00

En la primera columna de este año 2019 hice referencia al término “emprendimiento”. Ahora bien, a medida que daba vida a la misma, la intención de que tales líneas debían ser complementadas tomaba mayor fuerza en mí, a más de lo que la naturaleza propia del término demanda. De ahí que es propicio dedicar espacio para reflexionar en aquel otro término que también es importante dentro del contexto económico y que, en ciertas ocasiones, se aborda -inadecuadamente- excluyendo al “emprendimiento”: “innovación”.

Y es que los términos: “emprendimiento” e “innovación” no pueden recibir un tratamiento por separado. El “deber ser” está en que ambos tengan protagonismo en la mente de aquella persona o personas (hablando de equipos de trabajo; nótese que manifiesto equipos) que decide(n) cooperar con el crecimiento económico del territorio donde decida(n) desenvolverse, mediante el ofrecimiento de “productos” (artículo físico, servicio, o incluso una idea), como lo sostenía Kotler y Levy (1969), que el mercado anhela no solo para satisfacer necesidades insatisfechas (hasta aquí, emprendimiento) sino, sobre todo, para constantemente cambiar –vía imaginación y creatividad– el estilo de vida de la sociedad, en positivo (ya aquí el emprendimiento es revestido de innovación).

Al respecto, esta actitud empresarial, muchas ocasiones poco conocida o, de ser conocida, no lo suficientemente asimilada, no es nueva. De hecho, hace muchos años atrás ya fue ampliamente tratada por uno de los referentes de la innovación, don Joseph Schumpeter; calificando a la persona que permanentemente la adopte (esté, o no lo esté, inmersa en un negocio), y con olfato para percibir oportunidades y trabajarlas inteligentemente, como Empresario Innovador (Montoya, 2004).

Dicho lo anterior surgen varias interrogantes: ¿El proceso de innovación exclusivamente se trata de crear algo nuevo? ¿Todo emprendimiento con rasgos de innovación es exitoso?, o, ¿es la innovación un fin?... (O)