La indefensión, la lengua y las armas

- 03 de octubre de 2018 - 00:00

Entre las mayores perversiones del neoliberalismo, que en la Argentina encarna el macrismo, figura de modo central, aunque oculta por la canalla mediática, una resignificación lingüística que pervierte el sentido de los conceptos que maneja la sociedad.

Ya cuando el ataque a las Torres Gemelas neoyorquinas, en septiembre de 2001, el Gobierno norteamericano se dio a la tarea de buscar y emplear lingüistas, para que, como analistas de vocablos que utilizaba la sociedad, pudieran identificar terroristas de acuerdo a las palabras que se usaban en los e-mails, que ya entonces empezaban a ser materia pública, con lo que de paso desaparecía la hoy inexistente correspondencia privada.

El neoliberalismo se dio a la tarea de desvirtuar el sentido de las palabras, así como a modificar definiciones y contenidos mediante recursos de lenguaje muy sofisticados. Por caso, y al voleo: conceptos como república, institucionalidad, justicia, honradez, calidad educativa, emprendimiento, corrupción, patria, cooperación y muchos más han sido, todos, reformulados de hecho.

Argentina es hoy un país en completa indefensión, tanto frente a posibles agresiones (hoy improbables en la forma clásica de ataque de un país a otro) como ante las ya evidentes ocupaciones territoriales que estamos sufriendo, y cuyo objetivo es una apropiación heterodoxa de nuestros recursos naturales, que están entre los más fabulosos del mundo.

En tiempos en que las guerras frías y las calientes pegan directamente sobre pueblos embrutecidos, ineducados y sometidos a reglas de “mercado” cada vez más criminales, el concepto de defensa debería ser, por lo menos, debatido con seriedad por las dirigencias argentinas.

Ante la crisis brutal que atravesamos por obra y gracia del infame gobierno macrista-radical es urgente tomar nota de que la disolución nacional será más pronta e irreversible si nuestra integridad territorial continúa desatendida, y se siguen instalando bases militares extranjeras que, está claro, lingüísticamente se pretenden “humanitarias”, de “control antinarco” o la mar en coche.

El pueblo volverá a ser gobierno en Argentina, más temprano que tarde. Por eso mismo, urge empezar la inmensa tarea de reconstrucción de la patria, con resignificación lingüística, reordenamiento territorial y adecuado poderío militar, soberano y democrático, incluidos. (O)

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