El Imperio en la era “Trumpolini”

- 05 de junio de 2020 - 00:00

Contra las cuerdas y al borde del knockaut en la guerra comercial, que mantiene con China, sumido en la peor crisis económica desde la Gran depresión, con escasa reacción ante la pandemia como consecuencia directa de la política sanitaria del gobierno y con ciudades en llamas por obra y gracia de un racismo que sigue vigente y un presidente, Donald Trump, que solo atina a echarle leña a la hoguera social, Estados Unidos se va derritiendo en su condición de imperio.

Netflix no lo hubiera hecho mejor, mientras Anonymous se erige en su agencia de marketing digital para promocionar el documental de Jeffrey Epstein (“Asquerosamente rico”), tan cercano a Trump como el pensamiento de Bruce Springsteen y Spike Lee, sobre el propio presidente.

Casi 40 millones de desempleados y un fascismo sin parangones. Administrado por un empresario cuyas cualidades políticas no pasan de una caricatura grotesca de Benito Mussolini.

Tal vez ahora pueda entenderse por qué en la campaña electoral de 2016, Vladimir Putin le hizo varios favores a Trumpolini. Tanto él, como Xi Jinping, podrían ser retratados sentaditos en la mesa con la servilleta colgada para no ensuciarse durante el banquete.

Y lo peor es que el esposo de Melania, que amenaza con las Fuerzas Armadas en las calles para reprimir las protestas por el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis, viene generando clones en el patio trasero, como es el caso de Jair Bolsonaro en Brasil. A esta altura, un clásico de este espacio.

Semejante decadencia en Estados Unidos es la prueba concluyente de que la democracia, hace rato que entró en desuso como si se tratara de una máquina de escribir (la historia). La corrupción y la banalidad, fue mellando la política hasta su virtual desaparición y ahora todos se preguntan si el diseño de la nueva era postpandémica quedará en manos de Bill Gates, George Soros, entre otros apellidos del poder económico global.

En tanto, la crisis en Estados Unidos se cocina en su propia salsa y la revuelve Trump, mientras en buena parte del mundo contemplamos, vigilados y “encuarentenados”, esperando saber cómo y cuándo nos tocará a nosotros. (O)

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