Iglesia católica en la política

16 de abril de 2011 - 00:00

La Iglesia católica, por sus constantes impertinencias y deslices conductuales de la cúpula y de algunos sacerdotes, desde la tenebrosa era de la Inquisición hasta la actual polémica entre el Sí de la izquierda y el No de la derecha, ha perdido la credibilidad de los feligreses. Recordemos para la ilustración del público la existencia del Modus Vivendi entre la Santa Sede y el Gobierno del Ecuador en el que consta la garantía que se concede a las actividades religiosas en el ámbito de su competencia. En cada etapa histórica, con incidencia política, los sacerdotes -considerados guías espirituales- convierten el púlpito en una tribuna de agitación proselitista.

Recientemente, el papa Benedicto XVI, como para justificar la injerencia de la institución clerical en la conducción de los estados, proclamó, astutamente, que la Iglesia no puede ser neutral, y con ese pretexto se impulsó la no aprobación de la nueva Constitución, actualmente en vigencia y que es considerada la más avanzada del mundo por su contenido humanístico.

Como prueba de ese desvío y de irrespeto al convenio, hace algún tiempo, un cura extranjero, en actitud alevosa, encabezó una manifestación política, en el controvertido caso de La Concordia. Con la aprobación de la Carta Política, los líderes de la Iglesia católica, avergonzados, escondieron su derrota en un prolongado silencio.
Hoy, en plena campaña por el Sí y el No de la consulta y el referendo del próximo 7 de mayo, la Iglesia católica, por intermedio de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, decide participar activamente en la contienda por el No, con el apoyo de la “prensa independiente”, que le concede amplia cobertura  a la actividad política  liderada por el Arzobispo de Guayaquil.

Es deplorable que sacerdotes utilicen el púlpito para arengar a los creyentes y promover el No, aunque mañosamente proclamen su neutralidad en el proceso.

Es oportuno el momento de depurar sus filas de sacerdotes implicados en escándalos sexuales y en campañas proselitistas.

La Iglesia católica, con el alejamiento de su apostolado, crea divisionismo en su propio sector y desconfianza en sus seguidores. Está llamada a reasumir su rol; predicar la doctrina de Cristo, la solidaridad, el perdón, la armonía social, el amor y el sacrificio por los demás. Practiquemos la enseñanza de Cristo. Todos esperamos algo del prójimo, Jesús dio todo por otros, aprendamos a dar algo de Sí.