I am Malcolm X

- 25 de febrero de 2015 - 00:00

“Yo soy Malcolm X” es el juramento cinematográfico de unos escolares, en el filme de Spike Lee. Ese axê es obligación, convencimiento y aproximación genuina a la militancia por las mejores causas en favor de la gente oprimida del mundo. O sea la política por todos los medios inteligentes posibles. El pasado sábado 21 de febrero recordamos un año más de su asesinato en Nueva York; han corrido 50 años de aquellos balazos dominicales al culminar la frase “As Salamu Alaikum” (que la paz sea con ustedes).

Agustín Laó Montes escribió: “La idea de la representación en la ONU (y que esta organización se preocupara por la negritud americana, JM) fue primero planteada por Malcolm X como vocero de la Organización de Unidad Afroamericana”, está en América Latina en Movimiento, Nº 501. El artículo enfoca el Decenio de los Afrodescendientes (2015-2024) y sintetiza nuestros avatares por siglos. Y por qué los Estados están obligados a cumplir con las reparaciones a los descendientes de aquellos millones y millones de africanos, mujeres y hombres, que edificaron el capitalismo por cerca de 400 años hasta el agotamiento físico definitivo. O perecieron en legítimas rebeldías cimarronas. Esas reparaciones compensarían la fuerza de trabajo, pero también invenciones para mejorar la calidad de vida, aplicación por mano propia y exclusión de las satisfacciones del trabajo.

Malcolm X cuenta sobre su reproche a diplomáticos de países africanos por no expresar en el podio mundial las injusticias que se cometían a pocas cuadras del edificio de la ONU. Ellos respondieron: “Ustedes luchan por derechos civiles, hablen mejor de derechos humanos”. Es así, los primeros corresponden al reconocimiento de un repertorio de derechos por parte de un Estado a las personas asentadas dentro de sus límites geográficos, ciertos asuntos se vuelven discutibles si expresa solidaridad, pero los ‘derechos humanos’ reclaman internacionalismo cimarrón. Malcolm X quiso que el racismo fuera un tema capital de derecho humano, para el caso, el de las Comunidades Negras de las Américas.

El valor humano (aceptación, respeto, solidaridad, etc.), individual y colectivo, es inmemorial y casa adentro las culturas fueron conscientes de aquello. El racismo moderno producido en Europa (desde finales del siglo XV hasta este miércoles) demolió ese valor primero casa adentro y después casa afuera, para apropiarse de personas y bienes con poca resistencia intelectual, emocional y política al interior de las sociedades europeas.

El Decenio llueve en tiempos de gobiernos progresistas; por lo tanto, es una oportunidad casi inmejorable para eso de ‘Reconocimiento, Justicia y Desarrollo’. El hermano Malcolm X (le gustaba fraternizar sus diálogos) valoraría esta cita de Agustín Laó Montes: “Si el concepto de socialismo del siglo XXI tiene algún sentido más allá de una consigna sin contenido sustantivo, debería ser antirracista, anticapitalista, antiimperialista y antipatriarcal”.