Hundiendo el hacha

- 19 de diciembre de 2014 - 00:00

Si eres periodista, el miércoles de esta semana fue tu Navidad. Todo lo que pudo pasar, pasó el miércoles. La Unión Europea reconoció al Estado palestino, las FARC declararon un cese al fuego indefinido, un grupo de hackers fue capaz de boicotear el estreno de una película, el país se paralizó por una final de fútbol y, después de más de 50 años, Estados Unidos restablecerá relaciones diplomáticas completas con Cuba.

Esto como el resultado de más de 18 meses de negociaciones secretas que culminaron con la liberación de Alan Gross, estadounidense encarcelado por espionaje en Cuba, y la liberación de los tres agentes cubanos condenados también por espionaje en Estados Unidos.  

Para el momento histórico que fue, todo se revuelve alrededor del enfoque retórico de la voz que juzga las acciones. Del presidente Castro, se esperó lo habitual. Fue la revolución la que ha triunfado. Y la serie de presidentes estadounidenses que ha dejado atrás su hermano, en parte, justifica sus declaraciones. Lo fundamental en su intervención fue aquello de: “(…) pero no quiere decir que lo principal se haya resuelto”. El presidente Obama, por su parte, llevó el discurso aquel de pax americana y democratización al estilo gringo a un plano poco convencional, comparado con el modus operandi en Medio Oriente de las últimas dos décadas, que no incluyó invasión armada.

Para Obama, si lograron enterrar el hacha con China y Vietnam, por qué no habrían de hacerlo con Cuba, donde el acercamiento al problema del diablo comunista viene, precisamente, de una era donde había una ‘amenaza’ comunista. Obama, a diferencia de los otros 10 presidentes antes que él, está convencido de que los problemas de las restricciones a libertad en Cuba se resuelven a través de la apertura. (El resto del mundo espera que lo mismo sirva para Estados Unidos y deje de mandar esos simpáticos drones a matar a civiles, o que deje de torturar a sus prisioneros de guerras no declaradas y el resto de violaciones que no cuentan porque, bueno, al final del día, es el que pone las reglas.)

No es gratuito que sea ahora el momento de comenzar estos diálogos. La principal barrera de cualquier presidente o presidenciable para abordar el embargo a Cuba han sido los cubanos-americanos. Los cubanos-americanos tienen su nicho político en el sur de Florida, un estado definitorio en el sistema electoral norteamericano. En 1992, casi el 90% estaba a favor del embargo. Hoy, menos del 50%. Esto no ha detenido las protestas de cubanos-americanos en Florida declarando a Obama un traidor. Ni tampoco los comentarios de políticos republicanos, como el posible candidato a presidente y senador Marco Rubio, quien ya ha anunciado su determinación por bloquear el acercamiento de Obama a Cuba.

Y, con toda la buena intención que pueda haber, el espacio de acción de Obama es limitado. Tiene todavía un Congreso y un Senado lleno de republicanos con muy poco interés de levantar el embargo, sancionado por ley.

Lo que se viene ahora es un largo proceso de negociaciones glaciares. Pero también un espacio para la apertura. Es la posibilidad para que una generación finalmente conozca (y juzgue) a Cuba desde adentro.