Mi hermano, te llevo en la sangre

- 29 de enero de 2019 - 00:00

En los colegios secundarios se estudia al Cantar del Mío Cid, por ser el primer texto literario de la lengua española. Digo literario, porque hay otros textos anteriores encontrados en conventos, generalmente comentarios a textos latinos. En las lenguas semitas el posesivo se indica con un sonido I final, como el hebreo “aví”, mi padre.

De ahí que los árabes, que dominaban gran parte de España hace mil años, llamaron “Sidí” (mi señor) a Rodrigo Díaz, el Cid. Eso de Cid es la transcripción al español de “Sid” (señor, en árabe clásico) y lo de Mío se entiende.

Así que el uso de “mi” parece que era una costumbre mediterránea. Los franceses usaron luego su Monsignor (mi señor) que pasó al español como título eclesiástico (monseñor).

En el mismo Cantar del Mío Cid, se lee el apelativo “minaya”, una mezcla del castellano mi y del vasco “anaia” (hermano). Es el equivalente de esa forma tan ecuatoriana “mi ñaño”, un curioso préstamo del quichua.

Lo curioso es que en quichua hay cuatro formas de decir hermano. Wawki llama un hombre a su hermano. Pana llama un hombre a su hermana. Turi llama una mujer a su hermano. Ñaña llama una mujer a su hermana. Como el machismo no es patrimonio de una sola cultura, los indígenas se burlaron de los españoles diciéndoles ñaña y estos pensaron que eso era hermano, siendo más bien hermana según diría una mujer.

Más adelante, un quichuahablante dijo pana (hermana según diría un hombre) a un hispanohablante y este lo transmitió a otros, como si significara hermano. Por eso tenemos mi ñaño, mi ñaña y mi pana.

Volviendo al MI, este posesivo lo llevamos en la sangre. A algunos ignorantes se les ocurrió que debía prohibirse el MI en las Fuerzas Armadas, sin saber que eso es parte de nuestra cultura. La misma gente que se siente molesta cuando dicen “mi capitán”, llama a su amiga “mi Andreíta” o le califica a su vecina de “mi veci” o a su profesor de “mi licen”.

Por eso mi hijo se convirtió en mijo y mi hija en mija. Te saludo, mi lectora o mi lector. (O)

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