“Harta demencia”: lobotomía de masa

- 10 de septiembre de 2018 - 00:00

Han sido varias las ocasiones que he felicitado la iniciativa del periodista José Delgado, quien, con su programa -que muchos ven como de crónica roja-, hace una radiografía del Guayaquil que nadie reconoce más que para negarlo, tanto con la mofa como con la discriminación.

¿Quiénes se mofan? Probablemente los de las clases acomodadas, nivel socioeconómico medio-alto, los de otro tipo de escolaridad, etc. Los que ven lo suscitado en el programa como algo lejano a su condición, cuando ese es en esencia el Guayaquil real y de hoy. No me atrevo a decir el marginal, sabiendo que el sector de Monte Sinaí, por ejemplo, ya tendría el tamaño de un cantón independiente… es otro corazón de la ciudad.

Esas realidades que a diario se presentan en el programa periodístico, nos deberían dar algunas pistas para saber a quién elegimos como alcalde próximamente.

Muy rápido se viraliza como eslogan lo que un joven entrevistado responde al famoso micrófono abierto del periodista Delgado, pero solo tomamos en cuenta un punto y no que en su relato el hombre de 20 años revela una realidad que no escuchamos.

La mirada de burla hacia el otro o el descerebrarse en masa con memes nos permite olvidar nuestras miserias y las de otros. Tan olvidadas están como la administración municipal ha olvidado a los marginados de esta ciudad.

Se lo mira con folclor, como una rareza ajena a nosotros, cuando en sí eso es lo que somos: una mayoría marginal tratada como una minoría.

Por otro lado, el mercado ve en eso una oportunidad, se agiliza y cualquiera diría “¡qué emprendedores que somos!”, pero surge del hurto de algo original y propio. Marcas, empresas, productos y cibernautas sacaron provecho, exprimiendo aún más a los que ya están exprimidos en esta sociedad.

Tal como aquel “amor, comprensión y ternura”, que sirvió de alimento para nuestra diversión mucho tiempo. Sin embargo, los autores de esas palabras dichas desde el más hondo sufrimiento, quedaron olvidados y estrujados por los consumidores de lo banal. (O)