Hablando sobre emprendimiento

- 07 de enero de 2019 - 00:00

emos comenzado un nuevo año: 2019. Cada punto de partida, hablando en términos de ciclos de tiempo, es ocasión para un “stop” y examinar los objetivos que se plantearon en el ciclo de tiempo que transcurrió y los niveles de voluntad y esfuerzo que se necesitaron (expectativa) y los realmente usados (realidad) para cristalizar tales objetivos.

En ese sentido y seducido por aquella máxima que nos inculcaban nuestros mayores: “el triunfo (propio y ajeno) no se logra con los brazos cruzados”, deliberadamente decidí hacer un paréntesis a aquellos aspectos que mencioné en mi columna anterior, para comenzar el 2019 realizando una sucinta pero estimuladora referencia al término “emprendimiento”, precisamente debido a que, en concordancia con varias posturas académicas, es la vía que permite realizar acompañamiento económico a la comunidad política donde se opere, generando empleo, competitividad y riqueza.

Tiempo después de haber tomado tal decisión tuve la oportunidad de ser oyente de una entrevista hecha en una emisora AM a un reconocido académico de Guayaquil, hace pocos días. En la misma, el tema central precisamente fue emprendimiento. Al respecto, las ideas transmitidas rápidamente captaron mi atención (parafraseando): “el espíritu emprendedor requiere de un antes y un después; un antes, la armadura de la autoestima, autoconfianza, propensión al riesgo y sobrellevar desafíos: y, un después, el foco no está solo en generar empleo sino también en ofrecer rasgos innovadores que calcen en las demandas del consumidor”.

Mi atención fue mayor cuando se insertó a la entrevista la filosofía del emprendedor frente al tiempo (corto/largo plazo) para obtener rendimientos. El académico agregó (parafraseo): “esa variable es vital; juega allí el tiempo para obtener retornos sobre la inversión y, la sostenibilidad del emprendimiento”.

Es notorio: emprendimiento demanda de una idea, sanidad emocional y madurez cognitiva, con atención en el largo plazo. (O)