Guerra ideológica

20 de abril de 2011 - 00:00

Acabo de leer que enfermo, en hebreo, puede significar también “sin proyecto”. Tal vez sea esta es la peor enfermedad de nuestro tiempo. ¡Cuántas personas están en la vida sin proyecto! Muchas están así porque pasan todo su tiempo y su vida en conseguir difícilmente el pan de cada día. Otras porque están enfermas y no saben cuánto tiempo más van a durar. Otras porque, egoístas, teniendo satisfechas sus principales necesidades, viven el día al día sin pensar en los demás. Y unas pocas, frente a la inmensa mayoría, están sin proyecto porque todo les sobra y no quieren un futuro distinto. Otros pocos pensamos que es un proyecto que da sentido y felicidad a nuestra vida. ¿Por qué no es tan fácil discernir lo que nos hace felices?

Respondo: Estamos en una guerra ideológica que nos condiciona de tal manera que pensamos lo que piensa la mayoría, es decir, lo que “nos dan pensando” los medios de comunicación. Los grandes medios de comunicación están para convencernos de que lo que dicen es la realidad y la verdad. Como están al servicio de los intereses financieros de sus dueños, nos llevan a consumir lo que producen, convenciéndonos de que el consumir nos va a hacer felices. Y hasta definen en lugar nuestro lo que está bien y lo que está mal. Inventan palabras nuevas, como por ejemplo “terrorista” y nos dan la lista de países y personas terroristas; o “humanitario”, como el desarrollo que produce “ricos más ricos a costa de pobres más pobres” o guerras humanitarias que pretenden proteger a los civiles…

Durante 50 años nos han hecho creer que Cuba era lo peor, mientras celebran 50 años de revolución y Fidel Castro queda como un gigante del siglo XX. Nos quieren hacer creer que Venezuela vive bajo una dictadura porque Chávez desentraña las verdaderas intenciones del imperio estadounidense. Nos quieren hacer pensar que en Bolivia rige la discriminación porque el presidente Morales es indígena.

En Ecuador, los cables de WikiLeaks revelan cómo, en la embajada de EE.UU., se construyen las mentiras sobre un país y un gobierno que no se somete a sus intereses. Actualmente, la campaña electoral -a la que se sumó la jerarquía católica- es la oportunidad para desacreditar el gobierno del presidente Rafael Correa. Es más fácil bailar con la música de turno que construir una revolución ciudadana, un socialismo del siglo XXI y un “Bien Vivir” latinoamericano.

Jesús ya nos advertía: “Que tu sí sea sí y tu no, no; el resto es del diablo”.