Groserías políticas en Los Ríos

- 08 de agosto de 2019 - 00:00

Como sociedad estamos a medio camino de todo, estancados en corrupciones, inmoralidades y abusos que se atienden desde la esfera política. Desaguisados que se perciben con mayor intensidad y regularidad en provincias, dejando el vago criterio de asumir que cualquier desfachatez política sucede, porque allí somos “un pueblo más” donde nadie reclama.

Para incomodidad de varios coterráneos, esta columna tiene sentido opuesto. En esa dirección la semana pasada se abordó el derecho a la paridad de género en los concejos. Tema que surgió a raíz de la demanda de dos concejalas cuencanas, al negárseles, como mujeres, el derecho a la vicealcaldía.

En el Cabildo de Quevedo igual sucedió lo que la sentencia, sobre el Cabildo cuencano, terminó reconociendo. Acotar que de llegar a darse una revisión en ese Concejo cantonal, se debería elegir para el cargo de vicealcaldesa, por equilibrio y representación partidista, a cualquiera de las concejalas ajenas al PSC.

La obligatoriedad de la paridad de género en los concejos le viene mucho mejor al Cabildo de Babahoyo, resultando la oportunidad para dejar de verse como una oficina más de la Prefectura de Los Ríos. Ahí, no solo que igual como en otros municipios se afectó el derecho a las mujeres en su concejo, sino que también se infligió una grosería contra los babahoyenses cuando se designó su vicealcalde.

Grosería política contra miles de jóvenes con verdadera capacidad y argumentos políticos, contra un municipio tratado como feudo medieval, grosería contra el tejido democrático y participativo de toda una ciudad, por parte de quien, desde su nacimiento, está detrás del actual vicealcalde de Babahoyo.

Un joven casi impúber, que difícilmente hubiera llegado a un concejo, de no poseer su único mérito político: ser hijo del caudillo de turno del PSC en Los Ríos. Por lo expuesto, las cartas están echadas, faltando ver quiénes las recogen por la justicia que les asiste en ambos cabildos -como en todos los concejos- a las mujeres y para restituir la dignidad e independencia, cedidas en un municipio vuelto patrimonio feudal. (O)